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Ego-rrón de periodistas

Febrero 13, 2020 - 11:55 p. m. Por: Diego Martínez Lloreda

Si la discusión que sostuvieron Hassan Nassar y Vicky Dávila, en vivo y en directo, hubiera sido entre dos periodistas en ejercicio, Hassan habría ganado, y por Knock Out, esa pelea.

Hassan provocó a Vicky y esta cayó en la trampa y se salió de la ropa. Y, como si estuviera poseída por el demonio, comenzó a expeler toda clase de epítetos contra su colega: “Inepto, fracasado, cobarde, lagarto, mechudo, badulaque”, entre otros adjetivos de grueso calibre.

Hassan mantuvo la compostura e intentó, infructuosamente, calmar a su colega. Y como no lo logró, optó por colgar el teléfono. Insisto, si la discusión hubiera sido entre colegas, Hassan la habría ganado.

El problema es que mientras Vicky obró a nombre propio, Hassan actuó como alto consejero de Comunicaciones de la Presidencia. Al colega lo llevaron a ese cargo para mejorar la comunicación del Primer Mandatario con la ciudadanía, función para la cual los periodistas son fundamentales. Cualquier acción que no sume a ese propósito va en el sentido equivocado.

Y semejante agarrón con una de las periodistas más reconocidas del país, no contribuye para nada a ese objetivo.

Insisto, una de las funciones principales del Consejero para las Comunicaciones de la Presidencia, es tender puentes con la prensa. Y lo que hizo Hassan fue minar un puente clave. ¿Por qué? Vicky lo llamó para indagarle por la utilización de la familia del Presidente de un avión oficial para llevarlos al parque Panaca. Se trataba de un escándalo prefabricado por los enemigos del Mandatario, del cual se podía salir relativamente fácil. Bastaba invocar razones de seguridad de la familia presidencial para justificar el uso del avión.

Pero parece que a Hassan se le olvidó el cargo que ostenta y, bajo la filosofía de que la mejor defensa es un buen ataque, decidió recordarle a Vicky que ella había sido invitada a un viaje en el avión presidencial, con su marido, durante el gobierno de Juan Manuel Santos. Mejor dicho le insinuó que ella tenía rabo de paja. Con lo cual, en lugar de bajarle el tono al debate, lo atizó, lo que un responsable de comunicaciones de la Presidencia no puede hacer.

Cierto es que la polémica por el asunto del avión pasó a segundo plano, lo que podía interpretarse como un éxito de Hassan. Pero es una victoria pírrica frente al alto costo que representa para el Presidente tener a un Consejero de Comunicaciones que se enfrenta a los periodistas.

Lo cierto es que al final, este episodio solo deja perdedores. Y pone de presente la necesidad de crear un tribunal de autoregulación periodística, conformado por colegas de las más altas calidades, que sancione este tipo de comportamientos. Así sea simbólicamente. El proceder de Vicky Dávila fue indigno de este oficio. No puede ser que un periodista insulte de esa manera a un entrevistado. Por ninguna razón.

Una cosa es la verticalidad y el rigor periodístico y otro el irrespeto y la grosería. Vicky, que por su trayectoria y visibilidad es una periodista llamada a dar ejemplo, no solo irrespetó a un entrevistado sino, sobre todo, a su audiencia que tuvo que soportar, atónita, semejante arremetida.

Los periodistas, que estamos acostumbrados a ser reconocidos y a interactuar con el poder, tendemos a dejarnos enceguecer por el ego.

Tomemos atenta nota de hasta dónde puede conducirnos esa arrogancia, para evitar caer en el triste espectáculo que protagonizaron ese par de colegas.

Sigue en Twitter @dimartillo

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