La paz anda coja y ciega

La paz anda coja y ciega

Abril 29, 2018 - 11:55 p.m. Por: Claudia Blum

El lunes 26 de septiembre de 2016 en la explanada de las Banderas del Centro de Convenciones de Cartagena y ante la mirada expectante del país Santos y ‘Timochenko’, con una bala convertida en bolígrafo, dieron luz verde al Acuerdo de Paz. El mundo entero respaldó con alborozo y grandes titulares de prensa el ‘histórico’ acontecimiento que ‘sepultaba’ 52 años de guerra. Reconocido por fuera como uno de los acuerdos más innovadores, pero a la vez más intrincados por los difíciles temas del narcotráfico y de la justicia transicional, internamente el documento de las 297 páginas dividió a la opinión pública colombiana.

La mitad del país creyó que con la entrega de armas y bienes de las Farc y su compromiso de no traficar con drogas y ayudar a erradicar los cultivos ilícitos, el gobierno se iba a dedicar de lleno a combatir las demás organizaciones del narcotráfico y a la guerrilla del ELN, mientras ponía en marcha el postconflicto y la construcción de la paz. La terminación del calvario se veía como una victoria. ¿Ingenuidad? ¿Inexperiencia? ¿Obstinación?

Aterradoras vivencias recientes tienen en jaque a los acuerdos: se investigan anomalías por presuntos malos manejos de dineros entregados para implementar la paz; ‘Jesús Santrich’ en La Picota por supuesto tráfico de drogas; ‘Iván Márquez’ y ‘El Paisa’ pretendiendo imponer condiciones al Estado; la ONU ha divulgado el crecimiento de cultivos de coca de 52% en un solo año, pasando de 96.000 a 146.000 hectáreas; disidencias de las Farc mataron 8 policías en Urabá, y en Nariño asesinaron a sangre fría a dos periodistas ecuatorianos y a su conductor con graves implicaciones internacionales; Ecuador canceló su papel en los diálogos con el ELN, guerrilla que extiende su poder en distintas regiones. Y desconsuela que los beneficios pactados para las víctimas del conflicto no se cumplan.

Quienes somos escépticos sobre los acuerdos expresamos reservas ignoradas en la negociación, como la inconveniente amnistía que se aprobó en la práctica para crímenes de guerra y lesa humanidad dejando abiertas graves heridas; la dudosa selección de los magistrados de la JEP, una justicia que se percibe sesgada; o los 10 escaños de las Farc en el Congreso por 8 años, sin exigencias previas de justicia y reparación. O el debilitamiento de la política antidrogas que llevó a que exguerrilleros y disidencias mantuvieran el narcotráfico, con toda su violencia, corrupción y destrucción ambiental. Negociación desbalanceada, en la que el gobierno cedió más de la cuenta a costa de maltratar la Constitución en beneficio de las Farc.

El Presidente insiste en los estertores de su lánguido gobierno en que todo va muy bien, pero la realidad es que el acuerdo se desvanece y la credibilidad flaquea. Algo que se veía venir, frente a un texto impuesto en el Congreso de las mermeladas, contra la voluntad popular expresada en el Plebiscito.

Las cosas, señor Presidente, no van tan bien como a usted le ha dado por gritar a los cuatro vientos. Si esos acuerdos se sellaron es para cumplirlos, y no para empezar a permitir nuevas salidas en favor de las Farc. Ojalá no le tiemble la mano para hacer cumplir su implementación de parte y parte. Y se acepte la opinión de las mayorías que demandan enderezar rumbos. Cada vez es más urgente rectificar las políticas debilitadas por ese pacto de minorías. De esto depende la viabilidad de la paz y del país.

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