Gloria, mi gratitud y admiración

Gloria, mi gratitud y admiración

Marzo 31, 2019 - 11:55 p.m. Por: Claudia Blum

Hace 13 años el 22 de febrero de 2006 en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, impuse la Orden del Congreso, en el Grado de Caballero a Gloria Zea. Fue una mujer que dedicó su vida a ennoblecer las de otros con las potencialidades esenciales de la divulgación y promoción artística. Tarea que además de brillar por su aporte al patrimonio cultural fue quijotesca en un país donde el arte ha sido vinculado tímidamente a las agendas sociales y políticas. Gloria pudo mostrar formidables logros por su permanente espíritu constructivo y ánimo de compartir con generosidad su diario quehacer. Cuando presidí el Congreso de la República quise darle un entorno menos rígido y más acogedor a sus oficinas y gracias a un comodato con el Museo, Gloria seleccionó cuidadosamente de la colección de su archivo obras de artistas colombianos que fueron exhibidas en la Presidencia convirtiéndose en un espacio de expresión cultural para visitantes y legisladores.

No se necesita mucho esfuerzo para comprobar la dimensión de la labor desplegada en la gestación y dirección del Mambo por casi cinco décadas. Cuando nació el Museo en los sesenta era sólo un sueño que Gloria con el tamaño de sus ilusiones, su consagración y desvelo lo hizo realidad.

Además del Museo centró muchos esfuerzos en la difusión de la cultura. Su empeño por la promoción de las distintas expresiones artísticas como la pintura, la escultura, la literatura, la música y el cine constituye un modelo a seguir. Conocí su trabajo al frente de la Fundación Camarín del Carmen que cuenta, gracias a ella, con la valiosa consolidación de la Ópera de Colombia y la formación de profesionales de las artes escénicas, de la realización de montajes propios y temporadas que han incluido presentaciones reservadas a los escenarios más exigentes del mundo. La observamos dirigiendo con acierto Colcultura y en la producción ejecutiva de películas como el Tiempo de Morir y Milagro en Roma con guiones de Gabriel García Márquez. Para fortuna de las nuevas generaciones la pasión que generaba en ella el arte la llevó a irrumpir en la academia siendo docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de los Andes y Decana de la Facultad de Artes del mismo centro educativo. Estuvo al frente de la restauración del Camarín del Carmen, el Teatro Colón y la Biblioteca Nacional.

Su disposición abierta fue ejemplo de valores fundamentales para la vida democrática como la superación de prejuicios, el reconocimiento de la propia identidad, el vivir en armonía con experiencias distintas y la búsqueda de nuevos lenguajes para la construcción de la Nación. Nunca descansó en su actividad de divulgadora cultural: polifacética y magnánima. Todo en su trayectoria nos indica un carácter humanista, perseverante y pleno.

Quienes tuvimos el gusto de conocerla podemos decir que cada una de sus palabras y gestos, y cada uno de los aspectos que rodearon su proyección a la sociedad son un homenaje a lo que más amó: la cultura y sus diversas manifestaciones a través del arte.

Gloria nos dio esperanzas de una Colombia donde la cultura se opusiera a la destrucción y a las violencias que nos impiden comunicarnos, para construir un país más vivible. La mejor manera de honrar su memoria y su ejemplo, con admiración y gratitud, es promover en las nuevas generaciones el valor del arte y la cultura como camino que abre nuevos campos para el mutuo entendimiento.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS
Columnistas