El lobo cuidando ovejas

El lobo cuidando ovejas

Noviembre 11, 2018 - 11:55 p.m. Por: Claudia Blum

Los 11 millones de votantes en la Consulta Anticorrupción, que no alcanzó el umbral, dieron por sentado que al llevar los proyectos anticorrupción al Congreso el trámite iba a darse a las primeras de cambio. Sin querer aguar la fiesta, esto era como poner al lobo a cuidar ovejas. A ojo de buen cubero pensé en el desconsuelo que se produciría cuando los congresistas comenzaran las discusiones para ‘acabar’ con prácticas tan enraizadas en la politiquería que domina al país. A pocas semanas de terminar las sesiones del legislativo, varias iniciativas siguen en aprietos.

La propuesta de limitar a tres períodos la reelección en corporaciones públicas fue hundida en la Cámara. Renació en la reforma política del Senado, pero al volver a la Cámara probablemente se frustre de nuevo, pues allí están delegados de jefes regionales que eternamente monopolizan el poder con clientelismo auténtico, y a quienes poco importa el bien común.

Establecer un tope máximo al salario de congresistas y servidores públicos sigue siendo ilusorio. Varios representantes acudieron a la táctica de las recusaciones, los impedimentos y los conflictos de interés, para que la iniciativa muriera en el primer debate. El Gobierno sin doblegarse debe insistir hasta encontrar una fórmula equitativa en un país donde más de la mitad de la población gana menos de un salario mínimo mensual.

Ha sido inaudita la propuesta que busca que el Congreso decida libremente sobre un 20 % del presupuesto nacional. Ministra Gutiérrez, párese en la raya y no deje que se regrese a la nefasta mermelada que llevó a tantos actos corruptos con los recursos del Estado. Son los planes de desarrollo, nacionales y regionales, los que deben regir la inversión y no las ambiciones clientelistas y corruptas.

Fundamental es acabar con el voto preferente e imponer las listas cerradas que fortalecen la democracia de partidos con ideología. Estas listas, definidas por encuestas, consultas populares o elecciones primarias, pueden estimular nuevos liderazgos sin caer en el bolígrafo de tiempos pretéritos. El proyecto avanza, pero ya se oyen reparos de legisladores y partidos para que no se aplique en 2019. Ojalá no sea el comienzo del hundimiento de un cambio negado tantas veces en el Congreso. Erradicar los caudillismos y feudos de las microempresas electorales que viven de ese voto preferente es un paso urgente para acabar con el derroche financiero electoral, la política cortoplacista del favor personal y recuperar legitimidad.

Los pliegos únicos para la contratación oficial y la supresión del beneficio de cárcel para los delitos contra la administración pública han pasado sus primeros debates. El país debe vigilar que esas medidas salgan adelante pues por un lado sería el fin de los contratos sastre a la medida del contratista que son fuente de abuso y derroche, y por otro se daría sanción ejemplar a la corrupción.

Ahora bien, ninguna ley o reforma política será suficiente. Nuestra crisis institucional solo empezará a resolverse con la educación política de una comunidad que conozca qué hace el Estado, cuál es el significado del voto, cuál es la función del elegido, cómo hacer para que los políticos rindan cuentas y cómo cada ciudadano tiene poder para cambiar las cosas o mantener el statu quo. Reto educativo que ni la sociedad ni el Gobierno han querido asumir para construir una democracia transparente, participativa y moderna.


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