¿Somos como somos?

¿Somos como somos?

Septiembre 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Abiertos o cerrados. En cuarenta años no había vuelto a ver planteado el problema. Esteban Piedrahíta nos mostró recientemente la diferencia entre Antioquia y Valle en función de una economía abierta frente a nuestro modelo cerrado. Y con nudo ciego.Era gobernador de Antioquia Octavio Arizmendi Posada. Y yo estaba de Secretario Gobierno del Valle (con un breve pichón en la Gobernación). Cotejamos cómo son allá los paisas y cómo somos acá nosotros. Por mis ancestros paisas me quedaba fácil observar el fenómeno. En materia económica, Piedrahíta (también con ascendencia paisa) nos hace un claro diagnóstico. Lo más grave es que aún nadie sabe la etiología y menos aún la teleología del fenómeno. Sabemos cómo caminamos pero no por qué lo hacemos así. Que hablen de tal complejidad la antropología, la historia, la sociología y la sicología social.2. Nuestra forma de asociarnos. Con Octavio Arizmendi escribimos unas breves páginas que murieron en el olvido. ¿Qué vimos? Algo que observa un ciego. En Antioquia ha habido siempre sociedad anónima de verdad. Para una sociedad anónima abierta no basta con escribir S.A. En el Valle tuvimos sociedades extranjeras y tenemos sociedades de familia. Aquéllas hicieron una época pero han ido migrando y éstas tienden a sernos muy características, si bien no todas logran perdurar. El tema de las sociedades de familia es tan complejo (incluso a nivel mundial) que ya existe una profesión especializada en prevenir y administrar los conflictos que les son propios debido a las expansiones generacionales. Todos los días presenciamos la fragilidad de esta forma de asociación cerrada. En Antioquia hasta el lustrabotas exhibe con orgullo una acción de alguna de “sus” empresas.3. Capital social. Con Arizmendi sólo logramos tomar la foto de nuestras dos sociedades e identificar que en una había mucho mayor formación de capital social que en la otra. Niveles de confianza. Por ello se observa que los paisas siempre “jalan” para el mismo lado: el bienestar de su gente. Eso produce identidad, pertenencia, empuje. Nosotros, en cambio, nos “jalamos”, nos empujamos unos a otros. A un candidato paisa todos lo secundan. A un candidato vallecaucano todos lo hundimos. Lo tenemos todo (bastante tierra plana y fértil, localización ideal, puerto de primer orden, risa fácil, figura grácil, bendiciones del cielo), pero no solidaridad. Allá les ha correspondido arañar los riscos montañosos, blandir el azadón y templar el carácter. Y eso los hermana.Vimos otro fenómeno con Arizmendi. Los paisas se identifican fácilmente entre sí: dicen ser una misma “raza”. Nosotros tenemos pobre nivel de identidad por ser más una fusión que una cohesión. Nos consolamos denominándonos un crisol de variedades: somos pluriétnicos, pluriculturales, pluri-todo. ¿Y? Esto tiene la ventaja de mostrar un paisaje humano variopinto y pintoresco pero, sin duda, no es ese el camino más corto para llegar a ciertos logros. Nos miramos de reojo: todos reconocemos nuestro canibalismo, nuestro bajo nivel de confianza. Algunos dicen: soy como soy y a veces “pior”. Otros agregan: “Es que somos así”. ¿Cómo modificar nuestra idiosincracia?: That is the question.

VER COMENTARIOS
Columnistas