Sin partidos y sin ideas

Sin partidos y sin ideas

Abril 24, 2018 - 11:35 p.m. Por: Carlos Mejía Gómez

El viejo mundo. Hace años se sabía lo que pensaba la gente. Aquí y en el resto del mundo conocíamos unas líneas de pensamiento más o menos universales. Eran tres, básicamente: liberalismo, conservatismo y socialismo.

Este hecho me permitió escribir un libro titulado: ‘Diferencias entre liberalismo, conservatismo y socialismo’. Llegaban las elecciones y la gente escogía y decidía con facilidad. Nadie hablaba de izquierda, derecha y centro, como ocurre con nuestra actual confusión conceptual.
Había grandes diferencias pero no se hablaba de que el país estaba ‘polarizado’. Las divisiones eran profundas, aún catastróficas. Pero vivíamos en medio de ideas bastante claras y diferenciables. Incluso nos matábamos por los trapos azul o rojo. Pero todos sabíamos lo que significaba ser conservador o ser liberal. El tema del socialismo era marginal: se hablaba de una especie extraña, marginal y violenta denominada comunismo. Los comunistas no eran de aquí: eran unos cuantos a los que todo les estaba permitido: todas las formas de lucha importadas de las Rusias y de Cuba donde estaban prohibidas la propiedad privada y las leyes del mercado. Pero este era un tema reservado a ciertos universitarios que deliraban con la extinción de algo que no conocían bien pero que llamaban capitalismo. Para ellos solo había dos mundos: el capitalismo o el comunismo con su materialismo histórico y dialéctico. Para el resto de los mortales sólo se trataba de especulaciones y disquisiciones teóricas sin asiento conceptual entre nosotros.

Bipartidismo. Desde 1850 éramos conservadores o liberales. Los godos como conservadores creían en la religión (en el cielo y el infierno), en la autoridad y el orden y en ciertos controles del Estado aún para los temas económicos. Los liberales, por su parte, predicaban la libertad ‘absoluta’ y el Estado sólo podía intervenir marginalmente en la vida ordinaria.

Eso sí: tanto liberales (rojos) como conservadores (azules) tenían muy claro cómo eran sus partidos y quiénes eran sus jefes. Nadie olvida la hegemonía conservadora que sólo terminó cuando los azules se dividieron para abrir paso a Olaya Herrera en 1830. Y siguió el control de la República Liberal. En las elecciones se hablaba tan sólo de los seguidores de unos grandes jefes. En 1953 cortó la historia tradicional la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla hasta 1957.

Frente Nacional. Sobrevino el Frente Nacional, los partidos dejaron a un lado ‘la violencia’ y las disputas por el poder por dieciséis años.
Después volvimos a los candidatos liberales y conservadores y a la disputa entre los dos partidos tradicionales.

Todo el mundo tenía claro cuál era su colectividad, cuáles sus jefes o directores y cuáles sus candidatos.

Las avispas. Sobrevinieron las elecciones populares, las elecciones de avispas y mariposas, las microempresas electorales, las financiaciones a granel, la corrupción por doquier, las elecciones cerradas, los senados nacionales. A ser elegidos sin una sola idea, sin un solo partido, sin una sola organización electoral seria. Derechas. ¿Izquierdas? ¿Centros?
¿Por qué votar? ¿Por quién? Nadie sabe distinguir entre partidos, entre candidatos, entre tesis o ideologías.

Hubo un universo anterior (que también dejó desastres). Pero el nuevo mundo político es lo más cercano a la anarquía. Esperemos un mañana mejor y más claro.

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