Cali, mi segundo amor

Escuchar este artículo

Cali, mi segundo amor

Mayo 31, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Los Lleras siempre hemos sido bogotanos y no cambiamos nuestra ciudad por nada: ¿Vivir en otro lugar de Colombia o del mundo? Impensable ¿Volvernos españoles o de cualquier otra nacionalidad? Sería traición.La primera vez que viajé, monté en avión y conocí el mar, fue a Cartagena (1949), por la cual no tengo sino admiración, elogios y gratitud, pero no podría cambiar tan drásticamente de personalidad, estilo y clima; con Barranquilla (1950), me ocurre lo mismo y en la tierra de los Vives Echavarría no sobreviviría.Cali, al fin, fue nuestro destino en 1950 ó 1951. Había yo conocido, y conocería después, a decenas de amigos de mi padre quien, por cierto, había ejercido -pobretón y audaz- su profesión de abogado en el Valle, con sede en Cali. Nunca se extendió mucho en el tema al escribir sus memorias, trato injusto con la que es para mí algo así como mi segunda patria chica: acogedora y generosa.En mi calidad de funcionario de la Flota Mercante Grancolombiana (q.e.p.d.) viajé a Cali y a Buenaventura con la guía siempre cordial de Luis Teodoro Álvarez, en cuya casa y en gran cena ofrecida en mi honor, fumé el último cigarrillo de mi vida en 1988.Uno de los cinco primeros clientes de mi oficina fue Jaime Caicedo (Colombina) y a esa querida familia dicté en el Club Colombia un curso sobre organización de negocios de familia, con participación de todas sus ramas; creo que fue exitoso como el que años después dicté a otros queridos amigos, los Varela. Con la Cámara de Comercio trabajé algún tiempo.Y cómo olvidar a gente tan cercana a mí como los Garcés, los Éder, los Navia, los Fernández de Soto (Absalón), los Becerra quienes nos alojaron en su casa en Palmira, a mis padres y a nosotros, después de la muerte de mi hermana Clemencia.Mi relación con Rodrigo Lloreda, el gobernador más joven de Colombia, nombrado por mi padre, vino a estrecharse en la Asamblea Nacional Constituyente donde trabajamos en equipo y donde nació mi vinculación con este gran periódico, El País, que ya va tal vez por 15 años, sin interrupción alguna.Rodrigo Cruz y su bella esposa, casi padres adoptivos de mi parienta, hija de Elisa Lleras Camargo y sobrina de Alberto, es otro amigo que llevo en el corazón; tuvo a su cargo mi candidatura en 1994 y la manejó con lujo de detalles.Podría seguir así, página tras página, pero tengo que detenerme para hacer mención especial de Cartón de Colombia y de su filial Colombates, en cuya Junta actué con el doctor Ayerbe Chaux por años y a quien reemplacé en la Presidencia; Alfredo Henao, su Gerente, y su esposa Olga son también inolvidables.Todos los meses, durante años, viajé a Cali donde por años pernoctaba para viajar a Palmira al día siguiente; pocos años después los miembros ‘extranjeros’ de la Junta, Hernando González (Sindicato Antioqueño) y Nicolás Sáenz Dávila nos trasladamos a pernoctar en ‘La Casita’ de Palmira donde nuestras tertulias eran interminables.Con los Ayerbe, Caicedo y Holguín, abogados de primera línea me vi con frecuencia y en las universidades del Valle, San Buenaventura y Javeriana dicté en varias ocasiones conferencias.Con los de Roux, me sentía en la familia y su imponente patriarca, no sólo me regaló sus libros que leí con agrado, sino que charlábamos por teléfono de vez en cuando.No sé si podría hablar así de otra ciudad, fuera de Bogotá, que no fuera Cali y tal vez los lectores puedan darse cuenta de ello; podría extenderme para recordar esos deliciosos restaurantes de Granada y los italianos de imponente sazón, los viajes con las Juntas de Cartón y Colombates a Popayán, La Unión, Buenaventura, Bahía Solano, Cartago y Restrepo pero a riesgo de dejar una serie de recuerdos de mi campaña presidencial con Arturo Gómez y tantos otros amigos por los barrios marginados y marginales de Cali, las reuniones en el Club Colombia, las estadías en el Campestre, las cabalgatas en Riopaila, la inauguración de la fábrica de cubitos de azúcar en Manuelita. Sea el momento de recordar las dos ocasiones en que estuve con Harold Éder, una de ellas cenando en casa de mi padre.Cali no es la misma de antes ni la del Alférez Real, el Aristi, ni el Club San Fernando pero ha sobrevivido a varías pésimas alcaldías hasta caer en manos del alcalde Guerrero, que ha salvado “nuestra ciudad”; si todos la quieren como yo, hagan algo por su futuro inmediato.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS