Snowden

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Snowden

Julio 05, 2013 - 12:00 a. m. Por: Carlos Jiménez

El caso Snowden tiene muchas implicaciones, empezando por la más abiertamente política: el ex contratista de los servicios de inteligencia norteamericano ha revelado la existencia de programas que le permiten a dichos servicios espiar literalmente al todo el mundo. Incluidos obviamente los usuarios de Internet. Y que lo han hecho violando de manera sistemática uno de nuestros derechos fundamentales: la privacidad. Pero el ex-contratista ha hecho más: ha puesto de presente hasta qué punto el gobierno de Washington concede una importancia estratégica a la información. Porque es igualmente un hecho que solo una fracción recogida por medio de esos programas ha servido o todavía sirve a los fines de esa guerra interminable contra el terrorismo en la que los Estados Unidos está embarcado desde hace más de una década, con resultados por lo menos dudosos, tal y como reconoció públicamente el presidente Obama en un discurso pronunciado unas cuantas semanas atrás. El resto de la información recogida sirve, por el contrario, a los intereses económicos, políticos e incluso culturales de la superpotencia, como lo demuestra que, según la información divulgada por The Guardian y por Der Spiegel, Washington ha espiado incluso a sus principales aliados occidentales. Esos que en ningún sentido pueden ser considerados terroristas, por lo menos en el sentido que Washington ha asignado al término. Para el gobierno de Washington sí que es cierta la sentencia de que la información es poder. Y poder que se puede ejercer en todos los planos de la vida social y no solo ni exclusivamente en el plano militar o policial. Pero hay otro aspecto de este asunto que quiero subrayar y es el de que este espionaje sistemático es una empresa pública, por cuanto es realizada por el Estado y a favor ante todo de los intereses del Estado. Y es por lo tanto una demostración adicional de que las empresas públicas son indispensables para el funcionamiento efectivo de cualquier sociedad capitalista. A mí me caben pocas dudas de que un parte sustancial de la información recogida por los servicios de inteligencia del gobierno norteamericano termina siendo puesta a disposición de las grandes multinacionales de ese país, que pueden así negociar en condiciones ventajosas –la ventaja que da la información– con gobiernos y empresas extranjeras. Que siempre saben menos de las empresas norteamericanas de lo que las empresas norteamericanas saben de ellas.

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