Rosemberg Sandoval

Rosemberg Sandoval

Marzo 07, 2019 - 11:45 p.m. Por: Carlos Jiménez

Creo que ni él mismo se llegó a imaginar que una obra suya sería expuesta en un sitio tan venerable como la Real Academia de Bellas Artes de Madrid, junto a las obras de algunos de los más grandes nombres de la pintura europea: Rubens, Ribera, Zurbarán, Archimboldo, Mengs o el mismo Goya, que fue miembro de la misma. Eso sin contar con las de maestros modernos, como Sorolla o Picasso.

Pero si se ha producido el milagro de que un conmovedor bodegón suyo -hecho de platas, tazas y una olleta recubierta con esparadrapos- ocupe un lugar en un museo que sobresale en una capital llena de espléndidos museos, es debido a la intervención de Luis Pérez Orama. Un notable historiador de arte y crítico del arte contemporáneo que fue curador del Museo de Arte Moderno de Nueva York y ahora lo es la Colección Hochschild, una de las más importantes colecciones privadas de arte latinoamericano del Perú. Y probablemente del resto del continente.
Él fue quien propuso el proyecto de que una selección de obras de esta colección se intercalase entre las distintas salas de la Real Academia con las obras maestras que se exponen habitualmente en las mismas. Se trataba en primer lugar de establecer un abierto, franco, directo entre el pasado y del presente, capaz de fecundar el presente y releer o redescubrir el pasado. En segundo lugar un diálogo de semejantes características entre el arte europeo y el arte latinoamericano, en una coyuntura histórica en la que este último ya no acepta que se le trate más ni como advenedizo ni como un simple derivado del primero por cuanto ya dado suficientes muestras de fuerza y originalidad.

Que es exactamente lo que ha hecho Rosemberg Sandoval en esta notable oportunidad. Su pequeño y deliberadamente pobre bodegón exhibe paradójicamente un poderío que rivaliza con éxito con la opulencia visual de las pinturas de Rubens o de Zurbarán, maestros de la Propaganda fide destinada, como se sabe, a conmover y a deslumbrar a la feligresía.

Y si lo escribo aquí y lo recalco es porque desgraciadamente Sandoval sigue sin tener entre nosotros el reconocimiento que merece. Y del que afortunadamente sí disfruta afuera, como lo demuestra que alguien de los conocimientos y la experiencia de Pérez Orama haya incluido su bodegón entre la cuidada selección de obras de arte latinoamericanas destinadas a mantener una diálogo de igual a igual con lo mejor del arte europeo.

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