Reforma constitucional y más

Reforma constitucional y más

Septiembre 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

1. Corcho en remolino. En las naciones serias una reforma constitucional es cosa seria. La nuestra, del 91, flota y gira como corcho en remolino. Ya sabemos que en Estados Unidos y en las democracias estables la Constitución es sagrada. La pensaron bien desde el principio: es breve y sustantiva. Entre nosotros se volvió papel reciclable. No la pensamos bien desde el principio. Semeja un reglamento. Muchos artículos parecen artículos de prensa. Somos racionalistas y cartesianos. Se nos ocurren cosas cada día, sembramos nuevas realidades y procedemos a reformar y reformar. No es que no haya materias por cambiar. Es que lo pensamos todo mal desde el principio. No parece, pues, una Carta Magna. Es una carta larga y pesada, siempre in articulo mortis, donde lo fundamental se mezcla con lo accesorio y reglamentario. Sucede que anteriormente establecimos un cierto equilibrio de poderes. Ahora ya no nos lo parece. Una verdadera reforma constitucional sería concebir una Constitución breve y sabia. En su momento nos pareció genial la reelección presidencial. Por ello el 15 de junio reelegimos al primer mandatario. Alucinamos (en el pasado) con la coexistencia de elecciones para presidente, cuerpos colegiados, altas cortes y otras dignidades. Creímos que cuatro años eran suficientes para los cargos más relevantes. Nos pareció fabuloso el voto preferente. Fuimos geniales al crear la circunscripción nacional para Senado.2. La teoría del fluir. Una cosa es aplicar la teoría del fluir. Del cambio, del devenir, del todo cambia y se transforma, del inconsciente sin límites. Otra cosa es producir reformas racionalistas cada vez que algo se nos ocurra, a fin de modificar lo que antes se nos había ocurrido.Entiendo, por supuesto, la necesidad de evitar la reelección presidencial (Ojalá todas las reelecciones). El voto preferente fue madre de las funestas microempresas electorales. La circunscripción nacional para Senado generó vicios a granel: corrupción, toneladas de dinero para regar por doquier, casi la mitad de departamentos (14) quedan sin senadores y otros pocos quedan con excesos. Que los períodos de cuatro años son insuficientes: eso depende del personaje. ¿Juntar las elecciones salvará la patria? Pero, ¡Eureka!: hemos descubierto la necesidad de una ‘nueva’ reforma política, electoral y jurisdiccional. Para regresar, en varios casos, a lo que tuvimos anteriormente. Eso sí, cuando esta nueva maravilla entre en vigor, entraremos a pensar en cambiarla. Lo malo no son estos o aquellos cambios. Lo malo es no tener una Constitución sólida y perdurable. Así que, esta vez, pensemos bien lo que vamos a remendar.3. Ministra con ministra. Fuera del buen gusto o del mal gusto (como dijo el caricaturista), ¿es lógico y legal que haya dos ministros (sea cual fuere su preferencia sexual) en pareja, en un mismo gabinete? ¿Cómo se llama, a nivel jurídico, esta figura? ¿Es eso conveniente para cualquier gobierno del mundo? ¿Qué ocurrirá, por ejemplo, cuando no estén de acuerdo en decisiones importantes, por ejemplo en un Consejo de Ministros? ¿O será, acaso, que siempre ‘tendrán’ que estar de acuerdo? ¿Cuál criterio predominará? Anochecerá y veremos.

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