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Mayo 16, 2019 - 11:45 p.m. Por: Carlos Jiménez

El título de esta columna es el de una obra de Fernando Arias incluida en la exposición que tiene abierta actualmente en la galería Foro Space de Bogotá. Es un lead que cuelga de una pared mostrando el número de líderes sociales que han sido asesinados desde la firma de los acuerdos entre el Gobierno nacional y las Farc que permitieron la desmovilización del que fuera durante varias décadas el más importante grupo insurgente del país.

La utilización del lead no es inocua: obedece al deseo de este artista de Armenia de dejar muy claro que esa cifra no remite a un asunto que pertenezca a un pasado definitivamente clausurado sino, por el contrario, al más doloroso nuestros presentes. Por esta razón no es una cifra cerrada, estática, sino una cifra que para nuestra desgracia crece cada día. Y que seguirá creciendo mientras la inacción de nuestro gobierno frente a esta horrible sangría siga estando acompañada por nuestra indiferencia o nuestra interesada ignorancia.

Y es justamente por esta otra razón que la exposición incluye, aparte de esta pieza estremecedora, una serie de tablas usadas de picar carne. Arias las buscó y encontró en las carnicerías del mercado de Paloquemao de Bogotá. Eligió las que estuvieran especialmente marcadas por los cortes de cuchillo, las lavó con esmero y finalmente las colgó de los muros de la galería. Como él mismo reconoció son “bonitas” y “evocadoras” pero al mismo tiempo una formidable metáfora de nuestra tendencia a “lavar” el pasado para quitarle todas las manchas que lo enturbian. Como si bastara esta operación de limpieza para quitarnos de encima la imperiosa obligación de curar las heridas, reparar las afrentas y hacer justicia a las víctimas.

Estas tablas también apuntan al arte porque vienen a decirnos que la belleza que el arte persigue con tanto ahínco se logra lavando la sangre derramada por tanta violencia. “Todo documento de cultura es igualmente un documento de barbarie”, dejó escrito Walter Benjamin, un pensador en tiempos tan aciagos como los nuestros.

Cierra el discurso de esta muestra una gran fotografía de lo que parece una dona y que en realidad es del culo de la paloma de la paz, la escultura con la que Fernando Botero quiso simbolizar el deseo de paz de la mayoría de los colombianos. Deseo que creímos satisfecho con los acuerdos de paz y que una vez más está siendo defraudado. Por eso de la paloma de la paz solo vemos el trasero.

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