Empresas de la paz

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Empresas de la paz

Julio 19, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

A uno de mis lectores le parece mal que haya utilizado el caso Snowden para defender una vez más la necesidad y la importancia de las empresas públicas en cualquier sociedad capitalista que merezca el nombre. “Podrías haber elegido un ejemplo mejor”, me reprocha, “así como podrías haber elegido un ejemplo mejor que el Pentágono para esa misma defensa”. Y aunque a mí como a él no me gustan ni las guerras ni la intromisión sistemática en la vida privada de la gente, no lo estoy en que tanto el Pentágono como los invasivos programas de espionaje manejados por la CIA y el Consejo de Seguridad de los Estados Unidos no sean ejemplos claros de que, en contra de la vocinglería de los paniaguados del neoliberalismo, la empresa pública es vital para el capitalismo. Otra cosa es que las sociedades capitalistas sean de muchos tipos y que la que yo prefiero para Colombia no es la que aplica lo mejor de sus energías y de sus esfuerzos a la guerra y a la dominación sino la que prefiere la aplicación de los mismos a fines pacíficos. Que la paz da más beneficios y a mucha más gente que la guerra. Paz con el semejante, paz con el vecino, paz con el extranjero y el extraño, paz con el medio ambiente y con los animales. Paz franciscana si se quiere, que para que sea algo más que una aspiración divina debe contar con empresas públicas que permitan convertir en realidad el uso pacífico de las inagotables energías sociales. Y digo públicas y no privadas no porque no exista una multitud de empresas privadas que no tienen nada que ver con la guerra sino porque su concentración exclusiva en los beneficios empresariales a corto plazo las incapacita para asumir los desafíos, los riesgos y los costos de reorientar el conjunto de la vida social hacia fines pacíficos. Esa reorientación está hoy a la orden del día en una Colombia donde crece imparable la conciencia de que después de medio siglo o más de una guerra civil que no se ha atrevido a decir su nombre, es hora de darle por fin una oportunidad a la paz. Y qué mejor manera de hacerlo que la de desmontar nuestro pequeño pentágono y nuestro pequeño consejo de seguridad nacional para destinar los exorbitantes recursos que actualmente les dedicamos a empresas públicas que nos ofrezcan a todos educación, salud, vivienda, transporte y espacios urbanos del tamaño de nuestros deseos. Y que se hagan cargo del medio ambiente y de firmar y asegurar por fin la paz con los animales.

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