Doris Salcedo

Doris Salcedo

Diciembre 27, 2018 - 11:45 p.m. Por: Carlos Jiménez

El año termina y como manda el ritual periodístico es la hora de elegir al personaje que más se haya destacado en el mismo.

Cada quien tiene, obviamente, el derecho a hacer su propia elección sin pretender eso que sea incontrovertible, como no lo es, desde luego, mi elección de Doris Salcedo como personaje del año.

La elijo porque es la autora de la obra de arte más importante que se ha hecho este año en Colombia tanto desde el punto de vista político como del estético. Me refiero a Fragmentos, la impresionante instalación que hace unas cuantas semanas se inauguró en una casona hasta ese momento abandonada y medio en ruinas del centro histórico de Bogotá.

Los suelos fueron pavimentados por Salcedo con láminas de metal obtenido por la fundición de las miles de armas entregadas por las Farc en cumplimiento de los acuerdos de paz, martilladas por veinte mujeres elegidas por la artista entre la multitud de las que fueron víctimas de la violencia sexual en el curso de la guerra a la que estos acuerdos han intentado poner fin.

Ella ha dicho que se trata de un “contra monumento” y lo hace para contraponerlo a los monumentos que normalmente están dedicados a personajes históricos cuya memoria se pretende eternizar y no como es el caso del suyo a las incontables víctimas anónimas del atroz conflicto armado que durante tantos años hemos padecido. Pero también porque no es un monumento de los se yergue hacia el cielo sino uno sobre el que se puede caminar. E incluso pisotear furiosamente en el caso de que quien lo visite odie con todas sus fuerzas los acuerdos de paz que esas modestas láminas de metal rememoran.

El título Fragmentos, tan neutral, tan aséptico, así como la ausencia de cualquier nombre en este momento, resultan sin embargo elocuentes. Entre ambas subrayan que Doris Salcedo no está rindiendo homenaje a ninguna víctima en particular y mucho menos a las víctimas de un bando en detrimento de las víctimas del otro.

Ella, heredera de la tradición cristiana, se coloca en el lugar de la víctima per se, de la que lo es con independencia de a qué bando pertenecía si es que pertenecía a alguno. En cierto sentido su monumento es simétrico con respecto a los monumentos que se erigieron ‘Al soldado desconocido’ en varias capitales europeas al final de la Primera Guerra Mundial. Con la diferencia de que el de Salcedo implica el rechazo sin contemplaciones de la guerra.

VER COMENTARIOS
Columnistas