Banalidades

Banalidades

Septiembre 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

La exposición de Mónica Restrepo en la galería Jenny Vilá tiene la virtud de ponernos a pensar de una manera completamente inesperada en los estereotipos que cotidianamente delimitan y fijan la condición femenina. Allí donde habitualmente no vemos nada más que un peinado, ella ve en cambio el molde donde vaciar esculturas, que por su propia rigidez no solo contrasta con la esponjosa consistencia del peinado, sino que ponen de presente hasta que el peinado es una de las manifestaciones más claras del sometimiento de las mujeres a la moda. Y a quienes la dictan. Aunque no solo a ellos. Los peinados son igualmente el signo de cuán inapelable es la condición social, porque permite distinguir a qué clase social pertenece una mujer con solo mirarle el peinado. Por mucho que muchas se dejen llevar por un “quiero y no puedo”, que se les nota todavía más. La muestra de Mónica Restrepo suma a esta virtud otra: la de la coherencia de su obra. Que no por relativamente breve, dada su juventud y los pocos años dedicados profesionalmente al arte, es menos inteligente y aguda. Y menos madura. A mí realmente me sorprende que en tan poco tiempo ella haya sabido centrar su obra en la interrogación y la puesta en escena de aquellos conflictos sociales que aquí solo emergen de manera elíptica. Allí donde menos se los espera. Como en el estilo del peinado. O en una novela del montón dedicada a Ramírez, un agente del DAS de los años 70, escrita por “su peor enemigo”, Élmer Sánchez, seudónimo de Roberto Araujo, un hijo de la oligarquía bogotana que en esos mismos años coqueteo con la izquierda al tiempo que jugaba a ser informante de la Policía en la Universidad Nacional. E inclusive en el mundo de la salsa, cuyas contradicciones Mónica Restrepo abordó en un video dedicado a Tacones, una película malograda de la que ya apenas se tiene noticia y cuyo argumento, si así puede calificarse, tensaba el conflicto entre “los ricos blancos que bailan Disco” y “los pobres negros salseros”. La elección por parte de nuestra artista de estos medios subalternos para rastrear los conflictos a los que solemos negar el reconocimiento y la carta de ciudadanía, tiene el significado adicional de reivindicar que no es ni en la historia con mayúsculas ni en las ideas grandiosas ni en los relatos magníficos donde debemos buscarnos. Que es más probable que nos encontremos allí donde somos más prosaicos y banales.

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