Una nueva mirada a la maldad

Una nueva mirada a la maldad

Septiembre 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

La más reciente clasificación de los trastornos mentales (DSM-5) no incluye la sugerencia de S. Peck* quien hace unos años propuso “La maldad” como enfermedad mental. Decisión infortunada pues su exclusión impide alertar a las víctimas del riesgo que corren al compartir sus vidas con seres malintencionados que se camuflan detrás de otros trastornos de personalidad de menores consecuencias.Tales personajes, con sus fachadas impecables y sus actuaciones solapadas, siguen a sus anchas, destruyendo lo que encuentran a su paso. Esto incluye a pastores de la iglesia, padres supuestamente respetables y otros connotados miembros de la sociedad. Todos cumplen con la pantomima social a la perfección, pero cuando nadie los juzga o cuando se sienten seguros de no ser descubiertos o se sienten respaldados, y encuentran la posibilidad de manifestar su real condición, son más malos que Caín. Según éste autor, deberían ser considerados dentro de este grupo patológico quienes:* Consistentemente inculpan a los demás de manera sutil y destructiva.* No toleran la crítica.* Tienen una preocupación excesiva con su imagen y con su apariencia de respetabilidad, lo que contribuye a un estilo de vida pretencioso.* En momentos de estrés pueden presentar comportamientos irracionales de corta duración.A lo anterior se le podrían agregar características típicas del narcisista. Son autoritarios, fríos, insensibles y calculadores. Siempre creen tener la razón. Nunca tienen la culpa, nunca se arrepienten y por lo tanto nunca se disculpan de nada. Son egoístas, desleales, aduladores, intrigantes y traicioneros. Son capaces de hacer las alianzas más dañinas con tal mantener la fachada.Sacrifican a quién se atraviese en su camino con tal de preservar lo que ellos consideran como su imagen de perfección y poder. Esto incluye a sus propios hijos a quienes les otorgan dádivas y favores para obligarlos a estar de su lado y manipularlos a su antojo. Pero si los hijos osan contradecirlos dejan de halagarlos y toda la dulzura impostada se convierte en ira incontenible. Injustamente los castigan, ignoran, rechazan, humillan y desprecian. Y si esta conducta no logra doblegarlos, los atacan con irracional ferocidad.El desenmascararlos es difícil porque la mayoría de las veces la manipulación es ejercida de manera sutil. Además porque se aseguran el apoyo de los parientes más frágiles, hijos o cónyuges, asustados a quienes no les queda otra alternativa que convertirse en sus aliados.El término “maldad” es útil para el trabajo clínico porque identifica características muy precisas de estos personajes que se resumen en las sistemáticas inculpaciones hacia los demás, en tornarse irracionales en momentos de estrés, en ser tremendamente intolerantes a la crítica, al tiempo que muestran una inmutable actitud pretenciosa. Condiciones todas ellas que los hacen más destructivos que el mismo narcisismo.

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