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Trascender

Julio 03, 2021 - 11:00 p. m. 2021-07-03 Por: Carlos E. Climent

Los seres cuya vida está regida por los principios fundamentales suelen trascender.

Recordamos con gratitud, muchos años después de muertos, a quienes sin preocuparse por “dejar huella”, vivieron plenamente y mostraron consistentemente un carácter definido, buen juicio de la realidad, transparencia, responsabilidad, afecto y generosidad.

Tales condiciones les permitieron:

*Salirse de los límites de su ego personalista para ponerse al servicio de metas superiores.

*Aceptar las dificultades, la imperfección, los errores y el sufrimiento, sin renegar de su suerte, pues tales circunstancias son la norma, no la excepción.

*Renunciar a quererlo controlar todo.

*Entender que en la medida en la que se da la batalla diaria, irán llegando las retribuciones, pues las dificultades son inherentes a la vida y solo esa comprensión hace posible la solución de problemas y la superación de frustraciones.

*Disfrutar del camino hacia la meta, sin obsesionarse con el resultado final.

*Combatir los mitos que con más frecuencia desgastan inútilmente a las personas: “la felicidad completa”, “la familia modelo”, “los padres ideales”, y “el cónyuge o la pareja perfecta”.

*En los asuntos del amor, no comprometerse sin conocer al otro, o sin haberle dado tiempo para que muestre su verdadera cara (la cual no se ve sino cuando llegan los problemas o las “incomodidades”) y no pensar con el deseo (“él o ella va a cambiar”).

*Romper esquemas y desafiar lo establecido.

*No tragar entero.

*No pensar con el deseo, ni asumir nunca nada.

*Entender que en los accidentes la víctima suele (no siempre, por supuesto) ser responsable en alguna medida. Ya sea porque se confió en que el semáforo estaba en rojo o en verde o porque tomó una decisión sin pensar en las consecuencias.

*No actuar impulsivamente.

*No creerse las maldiciones de ciertas figuras de autoridad: “Usted no sirve para nada”.

*No auto flagelarse: “No soy suficientemente inteligente, capaz o atractivo/a”.

*No dejarse abrumar por los sentimientos de culpa.

*No echarse flores.

*Enfrentar los muy comunes miedos a la soledad, al rechazo, a la incertidumbre, que tanto limitan a las personas, y las someten a vidas aisladas y tristes.

*Reconocer la pereza en sus diferentes disfraces como la causa de los fracasos y hacer el ejercicio permanente de desnudar al haragán escondido que se lleva dentro. *Combatir vicios arraigados, por ejemplo: la ingenuidad de quien todo se lo cree para no tener que hacer el esfuerzo de cuestionar nada (y así evitar confrontaciones); o no profundizar en nada para terminar idealizando o conciliando lo que sea, con quien sea; o aguantar situaciones insostenibles para “sufrir” en silencio; o hacerse el sordo para no actuar y justificar su indecisión frente a todo.

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