Programado para complacer

Programado para complacer

Enero 11, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Tipifica una debilidad del carácter de algunos hombres y mujeres que lleva a conceder la razón al interlocutor así no se esté de acuerdo con él.Sin darse cuenta, quien lo sufre está continuamente haciendo méritos para quedar bien con los demás. Pero nada de lo que hace, tan diligentemente, lo logra dejar satisfecho. Siempre se siente en falta y vive en un continuo desasosiego que lo hace actuar de manera siempre inconveniente para sus propios intereses.Continuamente lo invaden las dudas y el desánimo y sólo busca ayuda cuando se deprime. Las más de las veces, la persona atrapada en esa dinámica, vive así por mucho tiempo, sin reconocer que se trata de una situación indeseable que podría remediarse. “Somos una familia unida por el amor”, se repite para convencerse que su actitud es la correcta.No infrecuentemente proviene de un grupo familiar en el cual sus miembros viven sofocados por vínculos excesivos de sobreprotección y apego, tolerables en la infancia, que resultan totalmente inapropiados entre adultos sanos.Los padres de estas familias necesitan que sus hijos dependan de ellos lo cual ha generado un hijo dependiente de carácter inseguro. Con una autoestima pobre que le hace sentir que no merece ser amado a no ser que se acomode a las normas (implícitas) impuestas por su mundillo familiar. Como consecuencia le cuesta mucho trabajo abandonar la casa de su infancia para acceder a una vida autónoma porque siente que su presencia es indispensable para la felicidad de sus padres. Cada vez que habla de irse, alguno de sus padres se enferma, o se enferma él, o pasa algo que lo obliga a posponer su liberación.Cuando este adulto logra salir al mundo real está “programado para complacer” a los demás. A sabiendas, por ejemplo, de que no quiere hacer lo que le piden pero no es capaz de negarse, o de que va a llegar tarde a la siguiente cita, por su incapacidad de ponerle los límites a las peticiones del personaje demandante de turno, etcétera.Su incapacidad para decir NO lo lleva a posponer sus verdaderas necesidades y a una vida falsa, de fachadas, que no es otra cosa que la extensión de su vida infantil.A pesar de ser una persona correcta puede realizar actos impulsivos con serias consecuencias. Se inicia así un espiral de excusas y mentiras que no terminan sino cuando toca fondo y quedan al descubierto los errores, los gastos absurdos y las decisiones impensadas.La filosofía de vida de “El niño bueno” se resume en “sólo si estás incondicionalmente al servicio de los demás y te olvidas de tus propios intereses lograrás que te amen”. Por tanto el tratamiento está dirigido a ayudarlo a hacerse respetar de todos los personajes demandantes, controladores, dominantes y manipuladores que le proponen conductas dependientes.

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