Los “servidores públicos”

Los “servidores públicos”

Diciembre 07, 2018 - 11:00 p.m. Por: Carlos E. Climent

Hay servidores que de verdad hacen honor a su nombre y a quienes la sociedad les debe un profundo agradecimiento, entre otras razones porque trabajan en las mismas instituciones donde medran los “servidores públicos” (así entre comillas) grupo conformado fundamentalmente por sociópatas y narcisos (1). Estos últimos se camuflan en las instituciones y no sirven a nadie más que a ellos mismos.

Para evitar que tales sujetos hagan demasiado daño es preciso ponerlos en evidencia para lo cual se requiere que la gente se ilustre sobre sus características:

Los sociópatas son los grandes manipuladores que utilizan maneras estudiadas y convincentes para relacionarse con los demás.

Seres astutos sin conciencia moral que con gran frescura aniquilan la tradición jurídica para obtener ventajas personales. Tienen una fidelidad ciega a sus superiores (los amos invisibles que nunca son descubiertos), que los eligen, amparan y dirigen. Habilísimos para mentir, distorsionar y contestar a las confrontaciones con evasivas y responsabilizar a otros de sus propias acciones. En la medida en que nada les pasa, van perdiendo el miedo y cada vez se tornan más cínicos.

A los narcisistas los tipifican varias de las siguientes características: una imagen grandiosa de sí mismos que los lleva a fortalecer su sensación de poder, que va de la mano con su hipocresía, ambición voraz y arrogancia. Su indiferencia y frialdad al respecto del dolor ajeno. Su deslealtad manifestada en la forma como sacrifican a cualquiera que se atraviese en el camino de sus objetivos. Su obsesión por el dominio y control de los demás, su exigencia de fidelidad a los subordinados y la facilidad con la cual traicionan ideas, partidos, socios. Lo cual no excluye amigos o familiares cercanos.

Sin el menor decoro se deshacen de tales vínculos cuando ya no les son útiles y hacen gala de una inescrutable y sinuosa habilidad para neutralizar de manera calculada a quien intente ponerlos en evidencia.
Armados con semejantes herramientas, estos individuos se van destacando como figuras públicas desde donde son reclutados precisamente por las habilidades descritas y por su sangre fría y así se entronizan en las grandes ligas. Allí se inician sus relaciones de poder que han permitido los cruces entre lo privado y lo público, los carruseles de las componendas y las más aberrantes alianzas con las cuáles se atornillan los grandes negocios.

Todos ellos, desconectados de la realidad por su petulancia y las informaciones acomodadas de sus cortesanos, diseñadas para gratificarlos, tienen una visión totalmente distorsionada de lo que los rodea. Si las circunstancias se les complican, siempre pueden disponer de algún ingenuo a quien sacrificar para calmar la ira de quienes se empiezan a dar cuenta del engaño. Viven en el mundo irreal de sus ambiciones sin reparar que el mundo sórdido en el cual se mueven, tarde o temprano les pasará factura.

*(1) La Locura Lúcida, Panamericana Editorial, 2014

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