Los sabios de la tribu

Los sabios de la tribu

Diciembre 05, 2018 - 11:00 p.m. Por: Carlos E. Climent

Eduardo acaba de cumplir 40 años, es un egresado de una buena facultad de finanzas donde fue un estudiante destacado. Después de graduado trabajó juiciosamente varios años en una empresa de Medellín hasta que por cuestiones familiares se trasladó a Bogotá donde lleva seis meses buscando puesto sin éxito. El no conseguir trabajo no se debía a una situación general de deterioro económico, ni a su falta de preparación, sino a la preferencia de las empresas por profesionales jóvenes. Pues así no lo dijeran abiertamente estaban interesadas en reclutar menores de 30 años en capacidad de aportar toda su energía al cumplimiento de ambiciosas metas.

¿Qué le ocurre a una sociedad que considera caduco un hombre de 40 años? ¿Qué pensará entonces de las personas de 60? ¿Y dónde quedan los ancianos de 70?

No todas las personas que envejecen lo hacen bien. De hecho, muchas veces es necesario marginar al líder que neciamente pretende seguirlo mangoneándolo todo, cuando ya su tiempo pasó hace rato.

Pero aquellos que han sido un ejemplo consistente de buen juicio y entrega a los demás, y a quienes el paso de los años no ha deteriorado ni física ni mentalmente, deberían ser considerados como los puntales de referencia de la sociedad y rescatarlos de la condición de marginamiento al cual se los suele someter.

Para muchas personas de edad, el paso del tiempo les ha concedido una lucidez reposada que las convierte en verdaderos baluartes que les permite realizar aportes muy valiosos.

Esto es para aquellas que han logrado llegar sin limitaciones graves, a edades avanzadas gracias a una genética afortunada y a unas circunstancias favorables; a lo cual hay que sumarle la disciplina en el cuidado de su salud física pues no han abusado del alcohol, no han fumado cigarrillo y han mantenido un peso estable gracias a una ingesta alimenticia frugal y al ejercicio practicado regularmente.

El no sucumbir al estrés lo han logrado por las condiciones favorables de su carácter, por la estabilidad de una buena compañía y por haberse mantenido ocupadas, gratamente, más allá de su retiro.

Con los anteriores factores controlados, la madurez - que para algunos viene con la edad- los hace dueños de una tranquilidad exenta de las pasiones que enturbian la mente. Todo lo cual lleva a un juicio de la realidad sosegado, sensato, equilibrado e independiente, exento de ambición personal y de presiones externas, y blindado contra las manipulaciones.

Además, es solo a esa edad cuando pueden hablar sin miedo y actuar con la contundencia y claridad que se requiere para que sus mensajes sean escuchados. Por lo que podrían convertirse en los consultores idóneos en los momentos de crisis para el beneficio de una sociedad que mucho los necesita.

Por todas las razones expuestas, deberían ser no solo respetados como lo merecen todos los ancianos, sino cuidados celosamente.

De algo deberían servir los ejemplos de los primates que respetan instintivamente a los miembros más viejos de sus colonias, y los aborígenes que en muchas latitudes valoran a sus mayores como los sabios de la tribu.

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