Llamar a las cosas por su nombre

Llamar a las cosas por su nombre

Septiembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

La filosofía de vida de esta versión patética de diplomáticos de carrera es no entrar en conflicto con nadie. No les importa que al interior de sí mismos no se sientan muy bien y que muchas veces se cuestionen, en silencio, si tal posición no será la responsable de su vacío, de sus problemas psicosomáticos o de los conflictos de toda índole que los agobian.El ejemplo típico es la señora que un día llegó a mi consulta y dijo: “Doctor, yo lo único que quiero es ser feliz” y lo complementó con “Vivir tranquila y en paz con todo el mundo”. “Señora”, le respondí, “Creo que llegó al llegó al lugar equivocado”. Y así se diopor terminada una de las más breves sesiones de mi práctica profesional. Confieso que tal vez ese día no andaba yo en un estado de ánimo muy tolerante. Quienes buscan la tranquilidad a toda costa viven dominadas por circunstancias que escapan a su control. A fuerza de obedecer se quedaron sin identidad. Su vida es “tranquila” porque aceptan lo que les tocó en suerte como un destino inmutable, cuando lo que pasó es que ellos mismos lo escogieron y optaron por quedarse allí. Su realidad vital suele estar regida por algunas de las siguientes circunstancias:Una fachada social que se respeta por encima de cualquier otra consideración.Una adherencia estricta al principio fundamental de no confrontar jamás.Unos padres dominantes o débiles según el caso.Unos familiares explotadoresUn cónyuge abusivo, aburrido o indiferenteUn socio ventajistaUna sociedad plagada de injusticias.Y especialmente, un lenguaje por medio del cual se le adjudica un nombre neutro a las cosas potencialmente conflictivas. Esta gente no habla en castellano sino en “eufemismos”, que según el diccionario de la Real Academia Española es la “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”.Utiliza un eufemismo, entre muchos otros, aquel que califica como:“Encantador, divino o espectacular” al “oportunista” que gracias a su simpatía y obsequiosidad termina lucrándose del ingenuo que le abre su corazón y su cuenta bancaria. “Decidido, impulsivo, ambicioso, pero...bien intencionado y muy creativo” al “irresponsable” cuyos actos reiterativamente terminan dañando a otras personas y comprometiendo el nombre y los recursos de sus allegados. “Copetón” al “alcohólico” que dice que él nunca bebe más de la cuenta, que es una persona alegre y comunicativa que solo se toma unos traguitos cada fin de semana y que no le hace daño a nadie. Cuando su vida y la de toda su familia lleva décadas sumida en el infierno de su adicción.Utilizar términos tan vagos y neutros, además de no corresponder a la realidad, representa una grave distorsión que paraliza a las víctimas, las deja sin argumentos frente a sus verdugos, les impide tomar decisiones inteligentes y salir en la defensa de sus derechos más preciados. La lista la puede completar cada cual de acuerdo a su propia experiencia.carlosecliment@gmail.com

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