La vida tiene sentido porque existe la muerte

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La vida tiene sentido porque
existe la muerte

Febrero 04, 2018 - 05:45 a. m. Por: Carlos E. Climent

Morir con dignidad es un derecho soberano

Si bien las personas tienen el derecho a morirse cuando quieran, en Colombia solo 27 personas han sido aprobadas por el comité que sigue los lineamientos del ‘Protocolo para la aplicación del procedimiento de la eutanasia’, desde su promulgación en marzo
del 2015.

Alejandro Gaviria en una sentida intervención en el marco del Hay Festival (Cartagena, enero 2018), que se salvó a pesar de la entrevistadora, recuerda asuntos prácticos sobre la eutanasia (buena muerte) que si bien soluciona de manera humana el encarnizamiento de los tratamientos médicos, no deja de ser una fuente inagotable de discordia
y confusión cuando se la asocia al concepto de una muerte digna.

Los requisitos establecidos en este protocolo son bastante claros:
1. Que exista una voluntad individual inobjetable expresada por una persona en condiciones mentales de hacerlo, demostrada a través de un documento escrito, un video o la grabación de una conversación.
2. Que se trate de un enfermo terminal a quien le queden unos seis meses de vida. Algo que consta en la historia clínica del paciente y que ha sido demostrado por un médico idóneo.

La información anterior es estudiada por un comité integrado por un médico (distinto al médico tratante), un psiquiatra o psicólogo clínico y un abogado que se encarga de comprobar que se estén cumpliendo todos los requisitos legales. Este comité una vez estudiado el caso tiene la potestad de autorizar el procedimiento.

Lo anterior busca defender el sagrado derecho de la autonomía individual. Reiterando que debe hacerse con anticipación al momento en el cual el paciente entre en un estado mental que le impida entender su situación clínica y su realidad circundante. Y conduce al noble propósito de no violentar la voluntad humana cuando la persona ha decidido no seguir viviendo.

Lo que se busca es no prolongarle la vida a quien, de acuerdo a sus creencias más íntimas y a una situación médica sin esperanza, juzga sus circunstancias como imposibles de soportar.

El Ministro, además de aceptar su condición de escéptico, exacerbada recientemente por su propia cercanía a la muerte por razón de un linfoma de cuyo tratamiento apenas está saliendo, destacó para la audiencia importantes aspectos relacionados con la muerte:

La excesiva medicalización del sistema médico contemporáneo obliga a los pacientes a vivir más allá de lo que ellos quieren en su fuero íntimo. Aclara que la medicina moderna se deshumaniza, en la medida en la que antepone rígidos esquemas terapéuticos a los deseos del paciente.

Recuerda a John Stuart Mill quien postuló que “sobre su cuerpo el individuo es soberano” para no imponer criterios ajenos al respecto de la muerte que pertenecen exclusivamente al fuero de cada individuo.

Destaca los dos aspectos de mayor valor terapéutico en el manejo de pacientes, la conversación y el saber escuchar.

Y concluye que para poder morir con dignidad hay que vivir con dignidad, que la muerte es necesaria, que la vida tiene sentido porque existe la muerte y que la muerte es más triste para quien no ha pensado en ella.

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