La fatiga crónica

La fatiga crónica

Mayo 21, 2019 - 11:00 p.m. Por: Carlos E. Climent

Los síntomas de este trastorno se agravan con la actividad física o mental. El problema diagnóstico radica en que el cansancio físico se encuentra en muchísimas enfermedades; de hecho del 10 % al 25 % de todos los pacientes que visitan al médico sufren de fatiga crónica.

El diagnóstico se hace cuando además del cansancio, de más de seis meses de duración, se presentan varios de los siguientes síntomas: pérdida de la concentración o memoria; confusión o irritabilidad; malestar después de haber realizado algún esfuerzo; sensación de estar cansado al levantarse a pesar de haber dormido bien; dolores o debilidad muscular, articular o de cabeza; dolor de garganta; ganglios dolorosos y palpables en las axilas o en la nuca.

Se desconoce su origen si bien en ocasiones se asocia a una virosis, a factores relacionados con la edad, a estrés, a factores ambientales o a una predisposición genética. Su diagnóstico es difícil, pues no existe una enfermedad específica que explique la sintomatología que se confunde con algunos trastornos de curso crónico y debilitante de cualquiera de los sistemas orgánicos. Tal confusión lleva a inútiles consultas con diversos especialistas.

La fibromialgia, que algunos consideran indistinguible de este síndrome ya que también se presenta con fatiga, está caracterizada principalmente por dolor muscular generalizado o restringido a algunos músculos, tendones o ligamentos.

El curso de la enfermedad es intermitente, alternándose las recaídas, con remisiones y con nuevas recaídas. Con frecuencia se acompaña de síntomas gastrointestinales, sudoración, dolor en el pecho, ahogo, tos, mareo o fiebre.

Si se confirma el diagnóstico del SFC, al descartar cualquier otra enfermedad orgánica, se debe proceder a:

*Suspender exámenes de laboratorio adicionales.

*Ilustrar al paciente y su familia sobre la naturaleza de la enfermedad.

*Controlar los síntomas a través del uso racional, según el caso, de los analgésicos, antiinflamatorios, antihistamínicos, antidepresivos o estimulantes.

*Ayudar al paciente a adquirir una actitud más positiva.

*Combatir creencias y preocupaciones distorsionadas sobre su enfermedad.

*Identificar factores que aumentan el estrés y agudizan los síntomas.

*Sugerir medidas generales como el incremento gradual de actividades intelectuales o físicas.

*Alertar a pacientes y médicos sobre la existencia de este síndrome, pues mucha gente lo sufre y con mucha frecuencia pasa desapercibido.

Las mejores posibilidades de mejoría las tienen los pacientes en quienes se hace un diagnóstico temprano y se inicia el tratamiento de los síntomas. Los errores más comunes en el tratamiento del SFC incluyen el “pin-pon” entre especialistas, el rotular al paciente como un hipocondríaco o insistir tercamente en un tratamiento que no ha funcionado.

El médico debe hacer lo posible por ayudarle al paciente a reconocer su enfermedad, atenuar los síntomas más molestos y darle la esperanza de que existen buenas posibilidades de regresar a la normalidad.

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