La dificultad para desenmascarar al sociópata

La dificultad para desenmascarar al sociópata

Junio 24, 2018 - 05:00 a.m. Por:
Carlos E. Climent

“No puedo creer que mi propio hijo, siempre detallista conmigo, me haya ofendido de esa forma”.

“Es aterrador que mi madre en privado sea tan fría y me maltrate, cuando ante los extraños es descaradamente zalamera conmigo”.
“¿A qué hora tuvo dos hijos con la secretaria, si llegaba a la casa todos los días puntualmente a la hora de las comidas; y los fines de semana siempre estaba con nosotros?”

“Todos lo adorábamos porque era generoso y encantador, incluso mi mamá siempre lo consideró un lord inglés. Pero cuando decidí dejarlo, me tocó esconderme porque amenazó con matarme”.
“Era el pariente de mostrar. Yo le di la confianza y lo defendí siempre porque era servicial y humilde, pero resultó engañándonos a todos”.

Historias parecidas les ocurren a los ingenuos todos los días, porque los sociópatas están en todas partes, escogen bien sus víctimas y son expertos en camuflarse.

Quien acude regularmente al consultorio del especialista del comportamiento, es la víctima del sociópata, este último no consulta porque nunca tiene la culpa de nada.

El sociópata es ese ser abominable que abunda en todos los ámbitos de la vida, daña a quien se le atraviese en el camino (especialmente a los ingenuos) pero a quien nunca le pasa nada porque es muy difícil de identificar. Y si la gente no abre los ojos, en el momento menos pensado lo/a tiene instalado/a en su junta, su negocio, su familia o su cama.

Los responsables de que tal situación se perpetúe, están a todos los niveles:

*La sociedad indiferente, impávida, irresponsable y apoltronada observa las acciones de estos personajes, pero no hace nada. Y para justificarse se repite: “Mientras no se meta conmigo, a mi qué me importa!”

*El Estado, representado en sus distintas ramas es impotente y salvo comentarios aislados (bastante ineficaces) sobre la necesidad de contener la corrupción…tampoco hace nada.

*El sistema médico, por regla general, no lo diagnostica por desconocimiento de los trastornos de personalidad, siempre muy bien camuflados; porque no se sabe qué hacer con un personaje que infunde miedo; o porque las compañías de seguros médicos casi nunca extienden sus coberturas a estos trastornos.

*Las entidades dedicadas a proteger a los niños del maltrato tienen enormes dificultades para creerles sus versiones y se paralizan frente a las denuncias que reciben y solo atinan a concluir que las pruebas no son concluyentes o que “se trata de la palabra del uno contra la palabra del otro”. En consecuencia se limitan a conclusiones vagas que no resuelven nada. En cambio, les dedican miles de horas a darle crédito a las manipulaciones intimidatorias de que son
objeto a manos de padres y madres maltratadores.

Para combatir la sociopatía disfrazada, germen de la corrupción, es preciso ser intolerante a las violaciones cotidianas de la norma. Un ejemplo lo puso Avianca al destituir fulminantemente a su empleado por entrar licor a un estadio. Falta ver qué va a pasar con el colombiano que puso a decir vulgaridades a las seguidoras del equipo japonés.

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