Emociones buenas, emociones malas

Emociones buenas, emociones malas

Mayo 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Tradicionalmente están mejor vistas la comprensión, la tolerancia y la paciencia, que la franqueza, la vehemencia y la confrontación. Estas últimas son consideradas en los ámbitos sociales como reacciones poco diplomáticas típicas de personas conflictivas. Visión probablemente válida en la vida pública y el trajinar político donde lo importante son los objetivos, no el respeto por los sentimientos de las personas. Raciocinio que no aplica a las relaciones interpersonales y a la vida de los afectos, donde lo que se busca es la integridad de todos los involucrados.Las emociones relativas al amor y la ternura tradicionalmente se califican como armoniosas, buenas o positivas. Esa apreciación cobija también las actitudes amigables. Esa característica le supone a quien la posee, ser considerada como “una buena persona” y gozar de una aceptación unánime.Pero la dulzura del carácter no es siempre virtud en sí misma, ni tampoco lleva automáticamente a una vida satisfactoria. Pues no pocas veces estas personas confunden ternura con tontería, amor con sacrificio masoquista, dedicación con servilismo, amabilidad con humillación y tolerancia con aceptación indiscriminada de conductas dictatoriales. No se puede por tanto ignorar que la pasividad tolerante de los débiles es en sí misma una patología.Por el otro lado, la expresión de la rabia no convierte en antisocial a quien, en circunstancias que ameritan tal reacción, “se sale de sus casillas”. No se incluyen aquí, por supuesto, la rabia manifestada en forma de ira rencorosa que alimenta odios, ni las manifestaciones agresivas que dañan a otras personas.La rabia puede ser una emoción positiva y saludable, muy a pesar de la satanización social que la suele considerar como una emoción mala o negativa. Bajo la misma sombrilla y con la misma calificación aparece la dureza del carácter. Quien tiene tales características es considerado, mínimo, como alguien conflictivo cuando no agresivo o socialmente indeseable.Cuando una persona expresa de buena fe sus opiniones de manera franca, directa, vehemente o apasionada, está haciendo algo admirable en una sociedad en la cual pocos hablan claro. Tal acción tiene el valor de ir contra la corriente social más prevalente: la diplomacia indiscriminada en la cual las mayorías están obsesionadas en tratar de no pisarle los callos a nadie y quedar bien con todo el mundo. No importa si los puntos de vista son correctos o equivocados, o si se están respetando o no principios fundamentales.Las actitudes positivas construyen, las negativas destruyen. En ese contexto hay que entender que la rabia puede ser una manifestación muy positiva y necesaria cuando representa:*La reacción vehemente frente a la injusticia*La confrontación clara frente a un abuso*Un comentario cortante, pero apropiado, frente a la indelicadeza o la hipocresía*Una salida de tono frente a un comentario inapropiado o insensible.Y se constituye en una conducta saludable que ahorrará muchos dolores de cabeza y no pocas enfermedades físicas y mentales.

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