El suicidio y las fallas del juicio

El suicidio y las fallas del juicio

Marzo 18, 2018 - 05:00 a.m. Por:
Carlos E. Climent

Este es un ejemplo del tipo de pensamientos que contemplan íntimamente muchas personas que piensan (en abstracto) en la idea de la muerte así no planeen quitarse la vida. De hecho, la inmensa mayoría de quienes lo piensan, realmente no desean morirse y probablemente nunca llegan a intentar quitarse la vida.

Pero resulta que en el proceso que antecede al acto suicida lo primero en aparecer es un pensamiento similar al enunciado de esta columna que va tomando fuerza. Poco a poco, y en secreto, se va volviendo repetitivo hasta que un día por una combinación de razones, se torna mucho más fuerte, asusta y prende unas alarmas internas que llevan a la persona a revelarlo a alguien. Lo cual se constituye en un caso afortunado, no solamente porque es una catarsis que alivia una tensión, sino porque podría conducir a un profesional, que estaría en capacidad de intervenir la crisis.

En el caso menos afortunado lo que sucede es que un pensamiento equivocado, en un momento crítico, es seguido del acto impulsivo que conduce al error. Este es un proceso que puede aplicarse a cualquier decisión de la vida, no solo al suicidio.

A manera de ilustración se relatan las fallas del juicio en el caso (clásico) del suicidio enmascarado en un accidente de tránsito. La primera falla inicia el proceso. La persona tiene ideas suicidas pero, por la razón que sea, no las revela a nadie. A lo mejor porque las considera normales y porque seguramente las viene contemplando de tiempo atrás. No les ha dado importancia porque son ideas que van y vienen. Cuando lo que está pasando es que por tener comprometido su proceso cognitivo, tiene un juicio muy pobre sobre su realidad interna (sus emociones), así como de las circunstancias que lo rodean.

La segunda falla toma lugar cuando la persona que ha venido rumiando esas ideas suicidas en secreto (muchas veces sin ser totalmente consciente de ellas), decide manejar un vehículo bajo los efectos del alcohol.

La tercera falla consiste en ignorar las juiciosas recomendaciones de sus allegados que le tratan de convencer de que no debe manejar en esas condiciones.

Todas las fallas anteriores se agravan por las características de su personalidad (v.gr.: terquedad, impulsividad) que no le permiten entender lo que le está pasando. Y sin pensarlo dos veces, se monta en su carro y más tarde aparece muerto como consecuencia de un accidente de tránsito.

Nunca se sabrá si esta persona quería quitarse la vida o no, pero, como se mencionó antes, muchas veces los suicidas mueren sin quererlo.

En este caso la desgracia ocurre por una sumatoria de eventos infortunados. La falla en el juicio (insuficiencia cognitiva) que no le permite a la persona reconocer y comunicar sus pensamientos autodestructivos. La incapacidad para evaluar objetivamente los riesgos de su situación. Y finalmente, por la negación de sus características personales y de sus limitaciones al estar bajo los efectos del alcohol.

Este es un ejemplo, de entre muchos, de la forma como las fallas del juicio se constituyen en la base de muchos errores lamentables.

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