El miedo paraliza

Escuchar este artículo

El miedo paraliza

Abril 10, 2021 - 11:00 p. m. Por: Carlos E. Climent

El miedo en sus variadísimas presentaciones se asocia con frecuencia al estancamiento que no se ve con claridad; simplemente se siente como un malestar indefinible. Este malestar invariablemente está acompañado de ansiedad y guarda estrecha relación con la sensación de atrapamiento del cual es difícil escapar.

Esta persona siempre tiene justificaciones para no actuar. Cuando no es el cansancio, es el aislamiento, o las limitaciones, o las dificultades económicas o una infinidad de circunstancias que lo único que hacen es ocultar la verdadera razón del letargo.

La razón principal para no identificar al miedo como el causante del estancamiento es que se camufla detrás de diferentes disfraces:

* Indecisión. La persona sabe que no está feliz con su vida, pero no se atreve a cuestionar nada. Vive circunstancias insatisfactorias, o incluso intolerables, pero no deja ni el trabajo mediocre, ni la relación tóxica de pareja, ni el vicio que copa todas sus energías, ni la vida aburrida que lleva desde hace mucho tiempo. Ella sabe que tiene que cambiar, pero el miedo la paraliza.

* Eufemismos. La persona dominada por el miedo siempre utiliza eufemismos (expresiones suaves o neutras) para referirse a circunstancias que demandarían posturas mucho más verticales y comprometidas. Y se vuelve experta en utilizar pañitos de agua tibia para tratar todos los problemas. Los eufemismos son utilizados por “el diplomático”, ese personaje que todo lo tolera y lo negocia. En consecuencia, vive en un estado de perpetua resignación, permitiendo irrespetos de toda índole con tal de que no lo saquen de su zona de confort.

* Aversión patológica al riesgo. Quien sufre de esta condición se angustia con solo pensar que tiene que modificar cualquier situación o circunstancia a la cual está acostumbrada.

* Exagerar el tamaño de la dificultad que le impide liberarse. Tal actitud la hace concluir que “salir de esta situación es imposible para mí”. Con lo cual se convence de que la magnitud del esfuerzo que habría que hacer para escapar de su condición de esclavo está por fuera de sus capacidades reales.

* Procrastinar como sistema de vida la lleva sistemáticamente a incumplir sus compromisos y a “dejar para mañana lo que podría hacer hoy”.

* Irritarse hasta el extremo, por cualquier cosa, con lo cual termina exponiéndose a riesgos innecesarios.

* Indisciplina y falta de determinación que han destruido muchos de sus proyectos, porque nunca quiso aceptar que las grandes metas se logran merced a los sacrificios y al trabajo responsable de todos los días.

*Pasión por la comodidad (eufemismo para pereza) que la lleva a transitar los mismos caminos ya gastados y a vivir una rutina aburridísima, inundada por circunstancias que implacablemente se repiten un día tras otro y que en conjunto se encargan de mantener el “status-quo”.

Lo que tiene que saber esta persona es que la única manera de vivir plenamente, es identificando y combatiendo el miedo paralizante que hay detrás de sus múltiples disfraces.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS