diagnósticos dañinos

Diagnósticos dañinos

Julio 07, 2019 - 05:40 a.m. Por: Carlos E. Climent

J. L. de 58 años, intelectual brillante y de gran éxito profesional, cabeza responsable de familia y trabajador incansable, consultó en una oportunidad por síntomas depresivos caracterizados por temor al futuro y disminución de la energía, que guardaban relación con una inminente jubilación. Después de unas pocas sesiones sus síntomas desaparecieron.

Un año después es intervenido por una obstrucción casi completa de varias arterias coronarias. El paciente sale muy contento por el éxito del procedimiento y por la forma oportuna como se había actuado.
Para la recuperación de una debilidad en el brazo izquierdo y un dolor del lado izquierdo del tórax, secuelas menores del procedimiento quirúrgico, es referido a fisioterapia. Allí le notan una debilidad en la pierna izquierda, es referido a un médico quien sin pensarlo mucho, le “dispara” su diagnóstico con gran convicción: “Usted ha sufrido una isquemia cerebral, esa es la razón por la cual tiene debilidad en todo su lado izquierdo”.

Ese diagnóstico, disparado olímpicamente, dio inicio a la peor época de su vida. Una isquemia cerebral significaba una amenaza de la pérdida de sus funciones cerebrales. Para un intelectual que se preciaba de un excelente funcionamiento de su mente ese era el final.

Llega nuevamente a consulta desmoralizado por haber sido sometido a sofisticados procedimientos diagnósticos y a una larga procesión por los consultorios de especialistas sin mayores resultados. Durante todo este tiempo no solo no le pudieron aliviar los dolores torácicos del comienzo, sino que a nadie se le ocurrió preguntarle cómo se sentía, ni cómo lo había afectado emocionalmente ese diagnóstico.

Al indagar sobre el cuadro clínico se logró aclarar que la tal cojera de la pierna izquierda, era debida a una diferencia de milímetros con su pierna derecha. Algo insignificante de lo cual sufría este paciente desde su nacimiento. Pero el médico entusiasmado por el “descubrimiento” de la cojera izquierda, no se le ocurrió preguntar si ese signo ya estaba allí antes de la cirugía cardiaca; simplemente la asoció a la debilidad del brazo izquierdo y al posible daño cerebral como consecuencia de su afección coronaria y transmitió la información sin sospechar lo que ello desencadenaría en el paciente. En realidad nunca había ocurrido una isquemia cerebral.

Permitirle expresar la rabia impotente que había sufrido durante todo el tiempo de las pesquisas médicas, puso en perspectiva sus síntomas, les asignó la proporción correcta, fue retomando el control de su propia vida, se convenció de que su cerebro seguía intacto. Y se arriesgó a retomar progresivamente ciertas responsabilidades.
El análisis de este caso revela varias circunstancias infortunadas: No se realizó una historia clínica adecuada en la cual el paciente hubiera podido describir sus síntomas para guiar al médico hacia un diagnóstico adecuado. El médico hizo gala de un pobre criterio al plantear una simple sospecha diagnóstica como una grave posibilidad. Y nadie se interesó en ponerlo a hablar sobre sus miedos.

*Médico Psiquiatra

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