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Julio 01, 2018 - 06:40 a. m. Por: Carlos Duque

Nuestra Selección convierte a Colombia, de país del desasosiego, en un maravilloso Estado de ánimo.

Yerry, mina de oro, de humildad, de verraquera, de amor por su pueblo y su país. Minería legal.

Yerry Mina es fútbol de pies a cabeza.

Realidad es todo lo que sucede fuera del televisor mientras llega el partido del martes contra Inglaterra.

Para saber si las dos jugadas del uribismo a la JEP fueron goles necesitamos la prueba del VAR de la Corte.

Complicada esa discusión sobre las camisetas ilegales y chiviadas de la Selección. No hay legalidad que valga cuando los millones de hinchas de los sectores populares no tienen 200 mil para vestir su amarillo fervor con una original y encuentran una opción de $20 mil.

Lo que necesitamos son más grupos amados: desarmaos los unos a los otros.

No confundir pobreza con ignorancia.

El florido árbol del lenguaje incluyente no deja ver el tenebroso bosque de los “unos” matando a las “unas”.

Crear pestes para vender vacunas, crear miedo para vender seguridad. Y así.

Todo libro es epitafio de un árbol.

Saber dosificar el “te quiero” para evitar que se vuelva paisaje vacío de la relación. El abecedario tiene 28 letras que podemos combinar de infinitas formas para decir “te amo”.

Convertimos la realidad en estadísticas como un ejercicio de contabilidad para creer que la estamos controlando.

Los Duque originales son títulos de la realeza europea, todos los demás somos chiviados.

Sigue en Twitter @_carlosduque

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