Escuchar este artículo

Instantáneas

Octubre 11, 2020 - 06:35 a. m. Por: Carlos Duque

90 minutos y 3 goles de alegría que no pudimos celebrar porque nos obligaron a pagar con la dolorosa noticia de cuatro muertos en una nueva masacre en Jamundí. Regocijo lúgubre. Así vivimos nuestra realidad.

Y empieza el debate sobre la verdad de la Farc y el asesinato de Álvaro Gómez. Un magnicidio no deja ver la selva de masacres de jóvenes, líderes y reinsertados.

Vea pues, y los medios muy activos preguntando a sus audiencias y seguidores en redes si le creen o no a la Farc, que si el asunto es competencia de la JEP o de la Fiscalía... ¿Realmente creen que trasladando la justicia a la opinión ayudan a resolver la más grave crisis política de nuestra historia?

Que prefieren a las Farc echando bala, violando, secuestrando y narcotraficando que desarmados diciendo la verdad. Quién entiende.

Que la verdad sí, pero no así.

Solo nos interesa la verdad de a puños.

El problema es que diseñamos un proceso de paz convencidos de que vivimos en una democracia cuya Constitución garantiza los derechos fundamentales y respeta la separación de poderes. ¿Nos equivocamos?

Triste ver a nuestros músicos sobreviviendo a punta de entretener pasajeros de buses y aviones. Es la radiografía de los rincones a los que hemos relegado el arte y la cultura.

Aquí nadie miente; todos son cómplices de una verdad repugnante que esconden detrás de una cortina de violencia y corrupción. Los muertos y la miseria corren por cuenta del pueblo.

No puedo evitar esa terrible impresión de que un cajero electrónico tiene más sentimientos y empatía que el dueño del banco.

¡Por fin se me cumplió el sueño de tener una agencia de publicidad y comunicaciones estratégicas sin clientes!

Sigue en Twitter @_carlosduque

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS