Instantáneas

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Abril 12, 2020 - 06:40 a. m. Por: Carlos Duque

Esta Semana Santa en particular, por cuenta de la implacable pandemia, los católicos deberíamos acudir a las iglesias en busca de la protección divina pero estas están cerradas. Entonces tocó resignarnos a buscar a Dios en el templo de nuestros propios corazones.

¿Conocen la historia de los tres cerditos que se encerraron en sus casas para protegerse del lobo feroz del coronavirus?

Luchamos contra un enemigo invisible que le ha declarado una guerra biológica a la humanidad. Es una pandemia de terrorismo cuya principal arma es el miedo del que nos defendemos encerrados en la oscuridad dando palos de ciego.

El dilema se volvió la salud o economía, como en los atracos: la bolsa o la vida.

Si no fuera por el Ideam, el horóscopo y el padre Linero estaríamos perdidos.

Vengo del futuro: siguen agotados el alcohol y los tapabocas.

Me tiene decepcionado que un genio como Nostradamus no se hubiera pillado esta peste tan brutal.

Tanto nos han amenazado con cuentos y promesas de futuro que ahora sí nos llegó con todo. Como dijo el profeta pereirano: “Bienvenidos al futuro”.

Vea pues, la cuarentena declarada que obliga a las familias a aislarse en sus hogares ha disparado la violencia intrafamiliar, las violaciones y el maltrato infantil. Durmiendo con el enemigo.

Necesitamos a Dios y los templos están cerrados, necesitamos salud y el miedo nos impide acercarnos a los hospitales, médicos y enfermeras.
El mundo es un pañuelo de lágrimas.

Y el gobierno ya va a cumplir dos años en cuarentena.

Mientras tanto seguimos enfrascados en una guerra contra el narcotráfico que nadie podrá ganar, pero que siempre la perderá Colombia.

Sigue en Twitter @_carlosduque

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