Cangrejo decembrino

Cangrejo decembrino

Enero 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Resulta que en Colombia los derechos de los niños son prevalentes y eso es un gran avance en lo que se refiere a su protección. Sin embargo, eso de la prevalencia no quiere decir que se deben satisfacer hasta sus más mínimos deseos y en eso creo que muchos se están equivocando hasta el punto que raya con lo ilegal.Todo el país sabe que por estos días termina en Cali la famosa Feria y las fiestas decembrinas que le acompañan. Que Cali es la capital de la Salsa y nos gusta la buena música, maravilloso; que las caleñas son como las flores, qué bonito; que bailamos como un trompo y disfrutamos la rumba, perfecto, porque vida solo hay una y sin lugar a dudas hay que gozarla.No obstante, una cosa tenemos que tener clara nosotros los adultos, y es que los niños son niños hasta los 18 años y nada tienen que estar haciendo en fiestas de adultos donde claramente van a estar expuestos al consumo de licor (entre otras muchas cosas que algunos acostumbran compartir en los baños). Los niños pueden patalear todo lo que quieran, pero su sitio no son esas fiestas y en eso creo que el Club Campestre de Cali sentó un pésimo precedente en diciembre.Este establecimiento, que es un establecimiento privado y en ese orden de ideas podría fungir como si fuera la casa de sus socios, decidió permitir el ingreso de menores de edad (entre 16 y 18 años) a sus concurridas fiestas de fin de año, al parecer porque en años anteriores se les ‘colaban’ muchos. Con el fin de establecer unas reglas, envió a sus socios un comunicado con las políticas de la Junta Directiva para el ingreso de menores a las fiestas.Exponen en ese comunicado que los menores deben estar acompañados de sus padres, que la Gerencia debe recibir una autorización firmada, que no habrá venta de licor a menores y que “el menor de edad que consuma licor dentro del Club será retirado de las instalaciones y será suspendido su ingreso y el del padre socios por 6 meses”. De igual manera afirman que “persona que se encuentre suministrando licor a un menor de edad, será suspendido. Si es socio durante un año, si es invitado durante 5”.¿Suena drástico no? Interesante si no fuera porque se promueve algo que en principio transgrede la protección de niños a quienes se expone a la presencia obvia de licor y por ende a su posibilidad de consumirlo. Además trasladan la responsabilidad completa a los padres, cuando el establecimiento por el solo hecho de permitir, promover y albergar a los menores durante la fiesta también es corresponsable de su cuidado y protección. Eso en mi idioma se llama lavarse las manos. (Ver artículos 7, 8, 9, 10, 14, 20, 32 y 89 del Código de Infancia y Adolescencia).Compartir una rumba con un hijo menor de edad no tiene nada de tierno. Me parece alarmante que estemos en ese plan en Cali, madurando biches a un poco de menores a quienes debiéramos estar enseñando que todo es a su debido tiempo y que en la vida bastante tiempo tendrán para rumbear.¿Cuál es el temor que tenemos tanto individuos como instituciones en ser firmes y simplemente decir que NO? Los niños piden límites a gritos y también quieren saber que ante todo, sus papás los protegen, los cuidan y buscan su bienestar. Que la Junta Directiva del Club Campestre de Cali sea complaciente y alcahueta es su problema, pero porqué los padres tenemos que hacerle el jueguito a ellos y arriesgar a nuestros hijos.Pareciera ser hora de revaluar nuestros principios porque claramente esto fue una patraseada de marca mayor.

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