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Una historia urbana

Octubre 21, 2020 - 11:35 p. m. Por: Benjamin Barney Caldas

Colón murió sin saber que en su búsqueda de una ruta más rápida al comercio con Oriente, navegando hacia el Occidente, se había topado con otro continente, y sólo mucho después se generalizó el conocimiento de que los vikingos habían llegado antes a América y que muchísimo antes habían pasado por el estrecho de Bering sus primeros pobladores viniendo de Asia. Y que, como ahora ya se sabe, lo más probable es que el ser humano surgió en África y luego poco a poco pobló todo el mundo en la búsqueda de más recursos vitales o su robo a otros, acompañada hasta hoy por una lucha permanente por el poder y las guerras que suele generar, ya de unos Estados contra otros Estados.

A lo largo del Siglo XVI, los conquistadores españoles se apoderaron del oro y la plata de los indígenas, muriendo unos pocos pero ocasionado la muerte de muchos y sometiéndolos con ayuda de otras tribus, lo que llevó a la Leyes Nuevas de Indias de 1542 que buscaban protegerlos, pero pronto las nuevas enfermedades que llegaron con los conquistadores causaron la rápida disminución de la ya pequeña población nativa, y los colonizadores se quedaron sin peones para sus encomiendas y tuvieron que comprar esclavos del África a traficantes europeos, vendidos allá por tribus rivales, lo que dio paso aquí a las diversas combinaciones étnicas y culturales actuales de la mayoría de Iberoamérica.

Durante los Siglos XVII y XVIII la colonización impuso aquí el uso de la lengua española y de la escritura, la religión católica y la fundación de muchas nuevas ciudades, que en Colombia, a diferencia de México y Perú, no las había, y su trazado ortogonal y una arquitectura de origen hispanomusulmán que pronto se adaptó a los climas tropicales dando paso a la colonial de haciendas y ciudades; y a la generalización y transculturación de comidas, vestidos, costumbres, tradiciones, artesanías, saberes, técnicas y conocimientos. Y se inició un comercio internacional y, como siempre, la piratería y la circulación de nuevas ideas, que aquí pronto llevaron a las guerras de la independencia.

A inicios del Siglo XIX el virreinato de la Nueva Granada finalmente se independizó del Imperio Español, junto con otras colonias en América, pero en lugar de fortalecer su unión se dividió en tres nuevas repúblicas: Colombia, Venezuela y Ecuador, y un siglo más tarde, a inicios del XX, Panamá se separó de Colombia con la ayuda de Estados Unidos, del que Colombia pasó a depender cada vez más después de la II Guerra Mundial, obedeciéndolo sumisamente en su inútil guerra contra las drogas, con su secuela ‘antipaz’ de violencia y corrupción a la que se suma la falta de presencia del Estado en muchas partes, mientras que allá se legaliza cada vez más la marihuana recreativa.

Y, ya en la tercera década del Siglo XXI, en estos países no se avanza suficientemente rápido en buscar que la mayoría de sus habitantes comprenda que en un mundo globalizado los retos que se deben enfrentar son el cambio climático, la disminución de los recursos, principiando por el agua dulce, y la merma de biodiversidad de su flora y fauna; y que todo esto es debido a un consumismo, generado por el esnobismo y la obsolescencia programada o inducida, y potenciado por la sobrepoblación del planeta y el desarrollismo económico. Así, lo que importa ahora es el futuro de las ciudades en las que ya vive más de la mitad de la población del mundo y de las que depende el resto.

Sigue en Twitter @BarneyCaldas

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