Seguridad urbana

Seguridad urbana

Septiembre 15, 2016 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

El vil asesinato de Juan Manuel Alzate en una calle de San Antonio, enfrente de su vivienda (El País 31/08/2016), no fue para robarle el celular si no por resistirse, lo que es mucho peor que un atraco más. Fue un ajusticiamiento como si fueran contrarios en una guerra, pero que no es entre ricos y pobres, que es otra, aun cuando a algunos les conviene confundirlas, sino entre delincuentes y ciudadanos: “¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?”, preguntaba Don Santiago Ramón y Cajal, porque lo cierto es que verdad y justicia caminan de la mano.Muchos opinan que hay que entregar todo y salvar la vida mientras otros piensan que si la gente estuviera armada sería otro el cantar, a lo que se aduce con razón que si aquí todos anduvieran armados sería peor. Sin embargo en USA hay 88 armas por cada 100 habitantes (Univisión Noticias, 18/12/2012) y las matanzas dependen más es del tipo de armas y que se pueden adquirir fácilmente. Pero el hecho es que en Colombia los únicos que hoy están armados son los delincuentes, lo que por supuesto aprovechan, y que la Policía no da abasto, rebasada por el rápido crecimiento de las ciudades. En Europa hay desde 160 policías por cada 100.000 habitantes en Noruega, hasta 508 en España , y el promedio de América Latina es de 368, superando el de países desarrollados como Estados Unidos y Canadá, que tienen 223 y 202, respectivamente. Cali cuenta con menos de los 300 que recomienda la ONU, y la Policía Metropolitana tiene que ocuparse de un área mayor que la de la ciudad, ya muy extendida, dificultando su labor, y los ‘policías bachilleres’ serán bachilleres pero no policías, en tanto que la seguridad privada es para los que la pueden pagar.Al mismo tiempo se requiere una cultura urbana que lleve al respeto de los otros, y que impida verlos como contrarios (que se muestran completamente diferentes) a los que hay que matar simplemente por no obedecer, estableciendo así una advertencia para que los demás lo hagan. Para que acaten la voluntad de quien manda, abrogándose los delincuentes el derecho a mandar por la posesión exclusiva de las armas, ante la ausencia de la Policía, y una población muy desprotegida pues sólo puede tener armas en la casa.Y la justicia que no castiga a los que no obedecen las leyes, o es desproporcionada o corrupta, como han señalado diversos columnistas. Mas no se trata apenas de lo perteneciente o relativo a la administración de justicia, si no igualmente al principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde. “Queremos la paz, pero la paz no puede ser nunca mera ausencia de violencia, sino que debe ser presencia y vigencia de la Constitución, sin coacciones, extorsiones ni amenazas”, como dice Fernando Savater (El País 05/09/2016).Pero como advierte Isaiah Berlin (Riga 1909-1997 Oxford): “Manipular a los hombres. Impelerlos a metas que uno -el reformador social- ve, pero que ellos no pueden ver, es negarles su esencia humana, tratarlos como objetos desprovistos de voluntad propia y, en consecuencia, degradarlos” (Ben Dupré, 50 cosas que hay que saber sobre filosofía, 2007, p. 183). No quedando más que educarlos para que vean; pero mediante una educación general, amplia y crítica, que incluya la pertinente a las ciudades, es decir, cívica.

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