Kiss

Kiss

Enero 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Los problemas de Bogotá de los que habló en días pasados Camilo Ayerbe Posada en su columna de El Tiempo (29/10/2014) y otros más, se han mencionado aquí desde la primera entrega (La destrucción de una tradición, 04/05/1998). Pero acertadamente ahora Ayerbe nos recuerda la atinada recomendación que divulgo “Kelly” Johnson (1910-1990), el célebre ingeniero aeronáutico de la Lockheed: Keep It Simple, Stupid, Kiss; es decir, todo lo contrario a lo que pasa en este país empecinado en complicar las cosas, como lo señala él.Más no se trata, por ejemplo, de que los que (des) orientan sus ciudades desde el sector oficial como desde el privado sean simplemente unos estúpidos, ni mas faltaba, aunque muchos lo pretenden simular hasta el punto en que se vuelve casi cierto, como sucede con algunos de ellos. Sencillamente rara vez cuentan con los conocimientos, experiencias y experticia indicadas pero si con otros intereses muy simples, en razón de los cuales seleccionan sus consejeros y colaboradores, manteniéndolos como estúpidos funcionarios aún cuando no necesariamente lo sean personalmente.El hecho es que la prioridad inmediata de los políticos cuando son elegidos para cargos públicos es, simplemente, cómo pagar sus costosas campañas devolviendo “favores”, y la de los empresarios, por lo contrario, es velar por el buen negocio de sus negocios, procurando dichos “favores” pues simplemente ese es su negocio: permisos para urbanizar tierra agrícola, aún cuando no sea casi siempre lo indicado, obtener contratos de obras públicas, independientemente de si son necesarias, y la construcción masiva de viviendas mal diseñadas pero no de ciudad.Y, simplemente, a unos y otros, poco les interesan los grandes pequeños detalles que menciona Ayerbe, desde las incongruencias del transporte público hasta la falta de basureros en las calles, pasando por la aventura que es para los peatones en Colombia el cruzarlas. Y finaliza ¿ingenuamente? proponiendo que los próximos alcaldes deberían anteponer el lema Kiss en todas sus ejecutorias, o que al menos se limiten a copiar lo que ya está inventado en otras partes, lo que por supuesto hay que hacer a partir de mantenerlo simple.Es decir, nada en exceso, como advierte desde el Siglo IV a.C. el Oráculo de Delfos, pues la pluralidad no se debe postular sin necesidad, como ya lo señaló William of Ockham (c.1280–1349), ya que todo exceso resulta insignificante, como precisa el Príncipe de Talleyrand (1754-1838), y que pretender ser original es un defecto, como aclara Alain Chauvilliers (1884-1953). En fin, de nada mucho, recomendaba el papá de Carlos Campuzano, Director del Taller Internacional de Cartagena, de la Universidad de los Andes, lo que igualmente se ha reiterado en esta columna.Pero es que los estúpidos son los ciudadanos que votan por los politiqueros de siempre y sus falsas promesas, o, peor, que ni siquiera votan porque para qué. Es tiempo de aplicar a las elecciones de alcaldes y concejales la recomendación de Kelly Johnson, y simplemente no ser estúpidos y votar en blanco, si no han surgido mejores candidatos que antes no tenían ninguna opción, y que cuenten con los conocimientos urbano arquitectónicos requeridos para planificar una ciudad. Lo que no es nada simple, como tampoco lo es el beso al que alude el acrónimo Kiss.

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