Huevos de oro

Huevos de oro

Mayo 29, 2019 - 11:35 p.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Dice Carlos Alberto Montaner en ‘Las raíces torcidas de América Latina’, 2018, que su futuro está en la democracia, la sociedad civil, los consumidores, el control del gasto público y de los funcionarios, las instituciones, la responsabilidad individual, el capital humano, la educación, los valores, la globalización como oportunidad, y la libertad política y económica. Y hay que agregar lo que le es propio y único: sus paisajes, climas, biodiversidad, literatura, artes y arquitectura.

Los paisajes en Colombia, por ejemplo, son muchos y muy diversos y muy cercanos unos a otros: hay dos costas tan diferentes como la Caribe y la Pacífica, un desierto al lado del mar y con un gran oasis en la Guajira; una buena parte de la selva tropical más importante del mundo en la Amazonia, Chibiriquete incluido; la enorme y plana pero variada llanura oriental; y las tres largas cordilleras con sus grandes ríos y muchas quebradas, valles, sabanas, páramos y altos nevados.

Los climas nunca son extremos y permanecen sin estaciones a lo largo de todo el año, apenas con temporadas lluviosas o secas o algo más calientes o frías, y con leves y gratas variaciones diarias. En muchas partes se puede subir del calor al frío en poco tiempo y gozar del fuego de una chimenea, o lo contrario y nadar en una fresca piscina; una ladera algo más alta y ventilada ya deja de ser caliente, y así mismo si se está junto a un saltarín y sonoro río de alta pendiente.

La biodiversidad es una de las más altas del mundo con muchos ecosistemas costeros y continentales, siendo el país uno de los más megadiversos; miles de pájaros, animales diferentes, matas, arbustos, árboles, palmas, vegetales y frutas. Aquí el agua dulce aún es abundante lo mismo que los humedales y ciénagas, y se puede cultivar prácticamente de todo, y hacerlo orgánicamente, y criar todos los animales domésticos y muchos salvajes. Basta asomarse a la ventana y disfrutar de la naturaleza.

Literatura siempre la hubo excelente desde la Colonia y tenemos a Isaacs, Rivera y García Márquez y ahora hay no pocos muy buenos escritores; más recientemente se da el auge de la música y los bailes populares y no solo ‘la salsa’; desde mediados del Siglo XX el teatro y las artes visuales, especialmente la pintura y la escultura, llegan a ser de importancia internacional de la mano de Enrique Buenaventura, Fernando Botero y Edgar Negret, y el cine actual es cada vez mejor.

Finalmente está la arquitectura aún cuando sorprenda a la mayoría, incluidos muchos arquitectos que no valoran la obra de Rogelio Salmona y mucho menos la de otros arquitectos regionalistas, y que nada han aprendido de la excelente arquitectura colonial, como la de Cartagena y otras ciudades y la de tradición colonial que se encuentra en muchas otras, pese a que son un claro paradigma para una nueva arquitectura en el trópico, que sea sostenible y contextual como lo demanda el Siglo XXI.

Lo malo es que en este país se insiste en acabar con los huevos de oro y de paso con la gallina, y será debido a eso que Montaner señala la arrogancia revolucionaria y lo malo de las ideologías. Hay que agregar la corrupción, y la ignorancia, no solo respecto a las ciencias y humanidades, sino sobre nuestro envidiable hábitat natural al punto de que buena parte está en peligro debido a la (mala) urbanización, la deforestación y la sobrepesca. Y aún hay quien insiste en la arquitectura espectáculo.

Sigue en Twitter @BarneyCaldas

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