Elecciones

Abril 27, 2022 - 11:35 p. m. 2022-04-27 Por: Benjamin Barney Caldas

Cómo evitar que esos colombianos, algo más de la mitad de los que ya tienen cédula de ciudadanía, de nuevo no voten, pues son los que permiten que una minoría decida por ellos el futuro de todos. Que se entienda que lo urgente es ‘democratizar’ la precaria democracia colombiana; que los que no están de acuerdo con ningún candidato lo manifiesten públicamente votando en blanco; que a los que simplemente no les interesa la política se les haga ver su irresponsabilidad con los demás y con ellos mismos al abstenerse de votar; y que se entienda que el voto debe ser obligatorio al menos por un tiempo hasta que se entienda que es un proceder irrenunciable en una verdadera democracia.

Para lograr una verdadera democracia en Colombia es preciso enseñarla desde las escuelas; que los niños y los jóvenes aprendan a debatir, a respetar otras ideas y a considerar las minorías; a realizar escogencias por votación cuando esto sea lo pertinente, como decidir entre los destinos propuestos por el profesor a donde ir en la siguiente excursión. Y en la universidad, en un pregrado básico para todos, que sean responsables de seleccionar los cursos que les interesen antes de decidir qué carrera seguir con el apoyo de un tutor. Así, ya ciudadanos de verdad, estarán más abiertos a escoger propuestas y no figuras políticas cuando les toque elegir funcionarios gubernamentales.

Votar en blanco es hacer público el desacuerdo con todos los candidatos o con el sistema mismo, y así el voto contará efectivamente, aun cuando sea una minoría, mientras que el abstenerse de votar será para muchas personas apenas un dato más, y no se dan cuenta de que hay que sumar esos votos, que son muchos más de los que creen, y ver qué es lo que representan, que es lo más importante. Votar en blanco es ejercer la democracia mientras que abstenerse de votar es condenarla a su fracaso al traicionarla desde la pura comodidad, propia simplemente unos de unos ‘idiotés’, que era como los griegos llamaban a los que no estaban integrados a la ‘polis’, a su ciudad.

Cómo hacer para que les interese la política a los colombianos que son potenciales víctimas futuras de malos gobernantes o, mucho peor, de dictaduras disfrazadas de democracia a base de populismo, polarización y posverdades, como lo señala Moisés Naím en La revancha de los poderosos, 2022, antes de que sólo les quede la opción de emigrar a otra parte si es que cuentan con qué hacerlo. Y con mayor razón, cómo hacer entender a los que no votan por ignorancia o, mucho peor, que venden su voto, que tienen que hacerlo pensando en su futuro inmediato y no en un efímero presente, antes de que les toque salir huyendo como puedan a los países vecinos.

En conclusión, hay que votar por candidatos que sean líderes de ideas y no caudillos a los que siguen gentes ignorantes, y de ahí la importancia de la educación, principiando por formar a los que educan. Se trata de escoger o preferir a alguien con un fin, o nombrarlo por elección para un cargo en un sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, el que la ejerce directamente o por medio de sus representantes (DEL). Al principio, la democracia era entre iguales, requisito básico planteado por Friedrich Nietzsche, pero fue la difusión masiva de la información, gracias a la imprenta, la que permitió que la ilustración, base ideológica de las actuales democracias, igualara a más gente.

Sigue en Twitter @BarneyCaldas

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