El Azafrán

El Azafrán

Septiembre 11, 2014 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

La vivienda de medios patios y solar, de tradición colonial, propia de las ciudades de la región, ha sido reinterpretada también en pequeños edificios, capturando su ambiente mediante la reelaboración de espacios y patrones tipológicos tradicionales, a otra escala y con un repertorio formal de origen moderno. Son nuevas relaciones entre lo viejo y lo nuevo, que se potencian mutuamente dotando de nuevos significados y usos a la arquitectura local.Es el caso El Azafrán (1991-1992) de Rodrigo Tascón (1930-2014), en una esquina del tradicional barrio El Peñón de Cali, un pequeño edificio y un gran ejemplo, como ya se dijo en esta columna (08/05/2014), con motivo de su muerte, en donde logró condensar imágenes y formas de vida más adecuados a nuestro clima, paisaje urbano y tradiciones edilicias coloniales como modernas.Con La casa de la queja (1992-2000) y Crepes & Waffles Sur (1992) fue una de las únicas obras de Cali escogidas para la exposición y libro Arquitectura en Colombia y el sentido de lugar -últimos 25 años, 2004, de los arquitectos Sergio Trujillo Jaramillo y Carlos Niño Murcia para la Seccional de Bogotá y Cundinamarca de la Sociedad Colombiana de Arquitectos.Trujillo destaca “la creación de dos patios paralelos que se constituyeran en elementos de absorción y tiraje de aire para ventilación de los apartamentos y propiciar continuidades y transparencias. De tal manera, dos zonas unidas por un puente organizan las plantas del edificio haciendo parte del sistema de adecuación climático buscado y comunicándose entre sí a través del patio frontal. Por el patio interior discurre la escalera del primero al segundo piso, como un juego ambiguo de entrar y salir hasta encajonarse hacia los pisos superiores, no sin antes recibir la lluvia, que corrobora la intención del edificio, con base en transparencias, de no delimitar a rajatabla el interior y el exterior”.Pero igualmente, hay que destacar el acertado compromiso del edificio con su contexto, tanto con el viejo barrio, ya muy intervenido, preocupación ya evidente en otras dos intervenciones suyas en él, como con sus vecinos inmediatos, minimizando el impacto de la grosera ‘culata’ de un edificio ‘moderno’, como convirtiendo en fachada la medianería con la bonita casa moderno-historicista que está a su lado.Como dice Francisco Ramírez: “En todos estos trabajos hay un rechazo a la moda, a lo ‘falso’ y a lo ‘aparente’. Si bien algunos revitalizan formas anteriores, otros abordan la tradición de manera original. La búsqueda consciente y deliberada de una arquitectura del lugar, pasa necesariamente por la reconstitución del patrimonio como un proceso creativo y dialéctico de tradición e innovación. De esta forma estas arquitecturas han potenciado el lugar y el habitar, la construcción, su espacio y el paisaje” (Tropicales y modernas: arquitecturas emergentes en Cali, 2006).Trabajos que son en parte consecuencia de los estudios crítico-históricos sobre la arquitectura y ciudades regionales realizados en la Universidad del Valle, que extendieron la preservación del patrimonio a la ciudad y su paisaje, como el mayor patrimonio de la comunidad, dando lugar a nuevas formas de intervención como un compromiso crítico con un entorno culturalmente definido, antes que con un espacio universal y abstracto.

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