Vivencias

Vivencias

Enero 13, 2015 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Descubrir la otra cara de San Andrés. Dejar el malecón, las calles atiborradas de almacenes donde se encuentra desde una momia egipcia con sarcófago y todo, hasta el pato Donald de plástico. Camisetas de Superman y blusas de olán de lino, dulces, chocolates, sandalias de caucho y de las otras, perfumes chiviados y de los otros. Alejarse del bullicio de la música que sale como cohete disparada de parlantes parqueados en la arena, multitudes de turistas variopintos caminando en ‘shores’, tangas de nalga completa al aire, siliconas como toronjas, niños empapados. En fin el tropel normal de la periferia isleña.Subir a ‘la Loma’, ‘The Hill’, adentrarse en la ‘otra’ isla. La de las casas de madera y techos de zinc, pintadas de colores, la isla de vegetación tupida donde los árboles floridos se abrazan con las hojas de los gigantescos arboles del pan cargados hasta llegar casi al suelo.Llegar a las seis y media en punto a la Primera Iglesia Bautista inaugurada en 1841, con su madera de pino traída directamente de Alabama por el pastor Philip Beckman Livingstone, fundador de la Iglesia Bautista y alfabetizador, que se basaba en La Biblia para impartir sus enseñanzas, marcando para siempre la huella religiosa en el corazón de los nativos.La Iglesia sigue resplandeciendo como un faro, no solo espiritual, sino de marinos desorientados que encuentran su rumbo al divisar su estructura en lo más alto de la montaña.Desde 1510 que Diego de Nicuesa la descubrió, hasta la fecha, San Andrés ha pasado por ocupaciones piratas, esclavitud, comerciantes ingleses y españoles, contrabandistas, peste de ratas que mataron todos los cocoteros hasta ser anexada a Colombia y ‘rescatada’ por el general Rojas Pinilla que la convirtió en Puerto Libre, desembocando este auge del comercio en invasión de personajes del interior, de todas las calañas. Luego el imperio del narcotráfico, cuyos estragos todavía golpean, y duro.Sin embargo, la Primera Iglesia Bautista permanece intacta. Sus fieles acuden puntuales a sus servicios, donde se alaba a Jesús en cantos, palmas, rituales alegres que transmiten una corriente eléctrica de fervor y espiritualidad.Asistir el domingo a las seis y media de la tarde, integrarse con sus cantos, vivir esa experiencia de una religión alegre, que recrea la figura de Jesús como el compañero, el guía, el amigo que nos lleva de la mano y nos ama.Nada de sermones condenatorios. Nada de Cristos chorreando sangre. Nada de mea culpas ni amenazas de fuego eterno. El Amor es la brújula. Guitarras eléctricas, maracas, tambores y toda la congregación cantando con alegría contagiosa, embargan el alma de una verdadera experiencia espiritual.Personalmente, hacia años no me sentía tan unida a un Poder Superior, a través de la música, sin ceremonias rígidas ni parafernalias incomprensibles. Pienso cómo sería de diferente si la Iglesia Católica, la cual me matricularon sin preguntarme, hubiera dispersado esa alegría y ese amor, honrando al mismo Jesús de los Bautistas, en vez de incrustarnos el miedo, la culpa, el pecado como los principales nutrientes de nuestra formación religiosa.Menos mal este papa Francisco se está acercando con honestidad y palabras normales a sus fieles. Pero el daño está hecho. Yo me quedo con Jesús alegre y amoroso. Sin pompas, ni inquisiciones, ni excomuniones, ni morbo ni ambiciones de poder.PD. Injustificable la tragedia de Charlie Hebdo. Pero real. Como afirma Arturo Pérez Reverte, la guerra hace rato empezó, la Guerra ‘Santa’. La diferencia es que ahora somos los occidentales los perseguidos y no los persecutores. El péndulo jamás se detiene, se vuelve a matar en nombre de Dios. Y todos somos responsables, todos toditos, los de allá y los de acá

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