Un día para no olvidar

Un día para no olvidar

Septiembre 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Mañana miércoles será un día especial para todos los cuidadores de pacientes que sufren Alzheimer. Hombres y mujeres, familiares o no, que dedican horas, noches y días cuidando y protegiendo esos seres que se van internando paulatinamente en un viaje misterioso y sin retorno, que jamás comprenderemos los que nos quedamos de este lado de ‘la realidad’.Jaqueline Arabia Buraye, esa mujer que yo dudo a veces que sea de carne y hueso, porque pienso que es un ángel venido a este planeta para aliviar un poco el dolor de esta trágica dolencia que afecta todo el entorno familiar, dejándolo por fuera del mundo de sus seres más queridos.¿Dónde están sus mentes? ¿Qué sueñan? ¿Es su nuevo mundo mejor que el nuestro? ¿Querrían volver a sus recuerdos? ¿Se comunican en otra dimensión? ¿Nos reconocen de otra forma? ¿Sienten nuestras caricias? ¿Están en paz?Preguntas sin respuesta. Ellos tienen su mundo aparte, pero no pueden compartirlo, sin embargo aman la música, mecen en sus brazos ositos de felpa, sus ojos brillan cuando los acariciamos, a veces sonríen con ternura salida de sus almas. ¿Dónde están?Este miércoles será muy importante en la Fundación Alzheimer porque estará dedicado curiosamente a los más olvidados de todos: sus cuidadores. En Colombia todavía no existe una política de ayuda para cuidadores y familiares que tienen bajo su responsabilidad el cuidado de ese ser que ya está en otra dimensión.Lo más común es que el paciente se quede en su casa, cuidado por su pareja o algún hijo o una ayudante sin experiencia, sin recibir ningún salario ni tener conocimiento sobre esta enfermedad, sobrecargándose de responsabilidades hasta el agotamiento y convirtiendo su vida en un infierno emocional de angustia, temores, culpabilidades, irritabilidad y estados depresivos. Esos hogares se transforman en túneles sin salida. Personas mayores sin experiencia, cuidando personas mayores que ya no están presentes pero que demandan atención las veinticuatro horas. Familias enteras atrapadas en un espiral descendente que dejan de tener vida propia y no ven la luz.El Alzheimer, en mi concepto, es la enfermedad más cruel. No da respiro. No tiene salida. No entrega respuestas. Demanda. Demanda. Demanda. Absorbe. Los que la sufren son pacientes que se vuelven de muy difícil manejo, las etapas se suceden, apatía, conductas repetitivas, agitación, ansiedad, angustia, rechazo a la compañía, ideas delirantes de persecuciones o robos, comportamientos violentos, alucinaciones, paranoia, aumento de la actividad motora, deseos incontenibles de salir, pérdida de la orientación, etc.Hijos, cónyuges, parientes cercanos viven cada día la impotencia por detener la progresión del mal. Sufren en silencio el alejamiento de ese ser cercano, que cada vez se aleja mental y emocionalmente de ellos. El dolor de no ser reconocido por su padre, por su esposo con el cual compartió la vida, por la mujer a la que tanto amo, por el hermano que se aleja hacia lo insondable de la mente, por la mamá que ya no sabe quién la besa.Y los cuidadores profesionales, esos hombres y mujeres que entregan sus vidas a cuidarlos, que depositan su amor y su atención en esos pacientes que jamás sabrán quiénes están a su lado, sacrificando muchas veces tiempo para compartir con sus propias familias. Esos hombres y mujeres, muchas veces sin nombre, que pasan las noches en vela para cuidar al extraño. Muchas veces ignorados por los familiares del enfermo.Estos cuidadores son apóstoles. Merecen también cuidado y atención. Por eso este miércoles 21 de septiembre, repito, es tan importante que familiares y cuidadores asistan a la Fundación Alzheimer desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde. Una jornada dedicada a familiares y cuidadores. ¡Además de conocimientos, los mimarán y enseñarán a cuidarse!Avenida 8 Norte No 24 AN 07.

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