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¡Soluciones falsas!

Mayo 31, 2021 - 11:40 p. m. 2021-05-31 Por: Aura Lucía Mera

A lo mejor me equivoco pero es lo que pienso. La militarización sin diálogo no sirve para nada. A la larga traerá más violencia y más represión. Así ciertas vías estén despejadas, me parece que es como recetarle un mejoral a alguien en cuidados paliativos.

Risaralda rechazó la asistencia militar como la llaman ahora. Bogotá no la necesita. Llevo algunos días en la capital y es como vivir dentro de una burbuja, con excepción de algunos sectores del extremo sur o norte, todo está tranquilo. Restaurantes y almacenes abiertos, carreteras con circulación libre, parques llenos de niños jugando, jóvenes y adultos paseando sus perros, ciclovías repletas, marchas pacíficas.

La sabana de Bogotá es otro mundo. Y el Gobierno centralista no puede darse cuenta de lo que está sucediendo en el resto de Colombia. Es absolutamente imposible.

Visitas esporádicas a ciudades arrasadas no arregla nada. La polarización crece y el odio entre los diferentes estratos socioeconómicos ya raya en la insanidad mental. Entre todos los de “camiseta blanca y alma negra”, los vándalos que no tienen nada que perder y además les pagan por bloquear y joder. (¿Quién les paga, cuál de las dos extremas izquierda o derecha?).

Y el diálogo se ha convertido en un tema tabú. Los dirigentes políticos juegan a ser ectoplasmas desaparecidos, difuminados porque no quieren perder sus cuotas, gane quien gane en la próxima contienda electoral, sí es que llegamos.

Todo indica que el viento sopla hacia una extrema derecha. Como en las pasadas elecciones se alimentó el odio hacia Gustavo Petro a tal extremo que lograron que el candidato menos preparado, más manipulable, y sin ninguna experiencia ganara las elecciones. Y aquí están las consecuencias.

Gustavo Petro, a mi manera de ver, fue un excelente senador. Su tránsito por la Alcaldía de Bogotá hubiera pasado a la historia casi desapercibida si Ordóñez, esa especie de bestia apocalíptica de la inquisición, no le hubiera dado la oportunidad de que agarrará balcón, micrófono y canal de televisión para sus arengas de voz trémula, lugares comunes y millares de aplausos.

Ahora resulta que Petro es el culpable de todo, una mezcla insólita y alquimista de satanás, Judas y Poncio Pilato. Un monstruo que quiere destruir Colombia, degollar empresarios y volver mierda este país o acabar de volverlo.

No vote por él. No vote por Duque. Vote en blanco, simplemente porque no me sentí representada por ninguno. No votaría por ninguna extrema, son igualitas, relación espejo, aunque Petro sea mucho más preparado e inteligente que el que nos desgobierna ahora.

La única solución es el diálogo y la introspección individual, si es que somos capaces, y dejar el rencor y ese odio salvaje que se está desbocando como una cloaca oscura y viscosa de unos hacia otros.

Odio que tiene en origen en nosotros mismos, generado a lo mejor por problemas personales no resueltos ni digeridos que se escapan por la vía más fácil. La del odiar a los demás, satanizarlos, rotularlos, maldecirlos.
La militarización traerá más muertos, más rabia. Los militares tienen la obligación de obedecer, y no tienen la culpa del desenlace.

El responsable de todo lo que está sucediendo es el Gobierno Central, inepto, manipulado, incapaz, metido entre lo viejos gobelinos y las alfombras rojas y desteñidas de la Casa de Nariño. Nido de intrigas, venias, contubernios, dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas pero más lejos de lo que sucede en la realidad.

PD: Voto por la cordura. ¿Será mucho pedir?

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