¡Rebelión en la granja!

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¡Rebelión en la granja!

Octubre 07, 2019 - 11:40 p.m. Por: Aura Lucía Mera

De nuevo las monjitas del mundo entero se han rebelado, cual manada de corderitos contra sus pastores. No es la primera vez que lo hacen ni será la última. Mucho sínodo, muchas promesas, mucho tilín tilín y nada de campanas. La Iglesia Católica no cederá ni un milímetro en su machismo ancestral.

Da risa nerviosa que quieran dejar “casar ciertos curas” y “otorgarles cierto poder a las monjas” pero en África. Y digo nerviosa porque me parece una falta de respeto total que a estas horas de la vida y en pleno Siglo XXI la Iglesia todavía pretenda colonizar y convertir nativos, pasándose por la faja sus creencias ancestrales y descalificando sus dioses. Como hicieron a hacha, machete, arcabuz y patadones de caballos cuando colonizaron América para la fe. Estamos de nuevo en la época de intercambiar espejitos y llenar de oro los altares de sus colonias para deslumbrar las etnias ecuatorianas, colombianas, peruanas, bolivianas y todas las anas.

Dominicos, franciscanos, jesuitas rivalizaban en lujo y oropel, odiándose entre sí, compitiendo quién le ganaba a quién en su lucha por llevar al cielo a esos condenados indígenas. Parece que la cosa sigue igual. Y las monjitas, esa muchedumbre de jovencitas que se casaron con Dios, siempre al servicio de ellos, los de la sotana, los de los sombreros purpura y esas bandas ídem que tratan de contener sus abdómenes.

Ellas, las monjitas, sí que han sido víctimas de violaciones, abusos sexuales, esclavitud, abortos provocados, sin poder decir ni mu ni menos ‘MeToo’. Porque son los representantes de Dios en la Tierra y ellas están casadas con Dios.

Se debería escribir un libro como Sodoma, ese grandioso libro de Frédéric Martel, lanzado el mismo día en veintiocho idiomas, que relata, a bases de testimonios y grabaciones toda la corrupción sexual del Vaticano, sodomía, homosexualidad, orgías y alcahueterías, sin meterse con la pederastia. Un libro que deberían leer católicos, emaúses, creyentes y no creyentes, para volver a las enseñanzas de Cristo, las básicas, las ya olvidadas en medio de tanto oropel, tiaras, ambiciones y vergüenzas.

Un libro serio, documentado, para conocer testimonios de esas miles de mujeres que, curiosamente son mayoría y que jamás se les ha reconocido su lugar en la historia, fuera de Teresa, Clara, y otras dos apoyadas por Francisco y otros santos. Pero hasta allí.

Túneles y túneles secretos en sótanos de iglesias, ermitas y catedrales llenas de tumbas con fetos o recién nacidos. Eso jamás ha salido a la luz como debería ser. Tal vez demasiado oscuro, sórdido y vergonzoso.

Francisco, este súper Papa que no sé cómo ha sobrevivido sin que le echen ‘digital’ en el jugo de naranja, reconoce este abuso y la demora en abordarlo de frente. Cuenta con demasiados y poderosos enemigos, léase Opus Deis, Legionarios, Emaúses y todas esas sectas ultra. En Madrid, por ejemplo, la sede del Opus en pleno barrio de Salamanca, las mujeres tienen que entrar toditas por la puerta de servicio. Jamás por la principal.

Sería fenomenal una investigación en Colombia. ¿Qué escritor le pondrá el cascabel a este gato sagrado?

***

Posdata. Me alejo momentáneamente del despelote electoral en Macondo. Unos diítas en Madrid. Otoño suave, teatro, museos. ¡Ratifico mi voto, al llegar, por Alejandro Eder y Clara Luz Roldán!

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