¿Qué nos pasó como sociedad?

Enero 31, 2022 - 11:40 p. m. 2022-01-31 Por: Aura Lucía Mera

Cartagena. Hay Festival. María Ximena Dussán, periodista, y el sacerdote Francisco de Roux, director de la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad. Diálogo profundo. Respetuoso. Doloroso.
Hechos. Cartas sobre la mesa.

Ya se conocerá el informe final. Después de la elección del nuevo Presidente de Colombia. Como afirma De Roux, ninguno de los once integrantes de la Comisión pertenece a ninguna corriente política.
-“No somos dueños de la verdad. La verdad es dueña de nosotros. No construimos la verdad. Construimos un método para acercarnos a la verdad. Sabemos que va a ser incómoda para muchos. Esperamos poder llegar hasta lo más profundo y tener el coraje de decírselo al país. No es una Comisión para juzgar a nadie. Es algo muy complejo y doloroso”.

Complejo entender un país que hasta el momento reporta nueve millones de víctimas en los últimos cuarenta años, “sin que la sociedad civil reaccionara. Sin que como ciudadanos dijéramos ‘esto no puede ser’ y seguir viviendo indiferentes en medio de esta carnicería. Siempre gobernados por un Estado que representa a los privilegiados de la sociedad y se muestra indiferente o ausente ante los más vulnerables”.

-“Tenemos un mandato. Hacer un Informe. Una tarea muy difícil porque hay verdades muy duras para todos los lados. Como país somos un solo cuerpo y es un solo dolor. Es como si tuviéramos una mano infectada con gangrena y con el resto del cuerpo siguiéramos comiendo, bailando, como si no nos afectara. Esto es lo que la Comunidad Internacional no puede entender. Cómo pudimos seguir viviendo, mirando la televisión todos los días enterándonos de las masacres, escuchando la radio nocturna donde madres desesperadas trataban de hacer contacto con sus hijos o esposos secuestrados, leyendo los periódicos, mirando fotografías, sabiendo lo que estaba pasando sin reaccionar. Como si fueran hechos ajenos a nuestro cuerpo como país, parte de nosotros mismos”.

También se refiere al enloquecimiento de la guerra, donde lo único importante era presentar cadáveres. Cuando un asistente de Mancuso le confesó la ‘razón moral’ de sus actos, ”sabíamos que en un pueblo teníamos que matar por lo menos veinte personas para poder matar un guerrillero, y en ese entonces existían veinte mil guerrilleros... O sea, teníamos que matar unas 400.000 personas y así salvar al resto de los colombianos”. Y esa tremenda verdad de que aunque la guerra nunca se ganó, sí fue un hecho que ese paramilitarismo bravo, ayudó a fortalecer el Estado. Perfectamente equipado con lanzacohetes, helicópteros, y el poder de decidir quién moría o quien vivía. Militares, autodefensas, empresarios apoyándolos.

Por otro lado la brutalidad de las Farc. Bojayá. Operación Berlín. El secuestro de La Maria en Cali, Karina, el reclutamiento de niños indígenas, asesinados, y ahora sus asesinos también muertos. Ya nadie los podrá encontrar. Veinte Frentes armados alrededor de Bogotá, secuestros, hornos crematorios, ríos repletos de cadáveres.

-“El Acuerdo de La Habana se hizo entre el Estado y las Farc, pero la realidad es que la sociedad civil no hizo ningún acuerdo. Todavía hay muchas personas que se benefician con la guerra, mueve mucho dinero, intereses personales y políticos, y no existe ninguna voluntad de resolver las cosas conversando. La guerra dañó todo, comunidades, empresas, familias. Y no podemos seguir confrontándonos unos a otros, exasperando más ese inmenso dolor”.

¿Qué nos pasó como país? Esa es la pregunta que seguirá persiguiéndonos hasta que en un acto de introspección reconozcamos nuestra participación. Ante nosotros mismos. Para que esto jamás se vuelva a repetir. Para poder de verdad mirarnos a los ojos y sentirnos hermanos en este gran dolor.

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