¡Pastores al clóset!

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¡Pastores al clóset!

Diciembre 23, 2019 - 11:40 p. m. Por: Aura Lucía Mera

“Y habrá francachela y habrá comilona”, esta noche se celebra y se termina oficialmente la Navidad. Veinticinco, día de descanso, guayabo, comerse las sobras del pavo y las natillas, barrer papeles de colores, guardar moñitos por si acaso, meter en la nevera la natilla y las tortas, pedirle al Niño el milagro de que los otros niños, los terrenales no hagan bulla y por fin tener una noche de Paz, sin Tutaina ni Nanitas, a lo sumo un veinticinco de buen Netflix o algún libro. No salir, a lo mejor ni bañarse.

El Veintiséis inicia el nuevo jolgorio. Sin barbas ni pastorcitos, ni ovejitas. Ya el Niño se fue y regresará a los treinta para predicar sus mensajes revolucionarios de amor, paz, igualdad y esperanza y ser por eso condenado a muerte de Cruz, la más oprobiosa en Semana Santa.

A partir del jueves se abrirá la Feria de Cali. La de la salsa y la rumba. La de los desfiles de carros viejos, la de la alegría frenética y multicolor de esta ciudad que exorciza bailando todas las angustias y temores pasados y futuros. También abre sus puertas Cañaveralejo. La Copa Taurina, este año con carteles y ganaderías selectas. Que Dios reparta suerte.

Deseo que cada ciudadano pueda escoger con libertad lo que más le guste y no convertirse en sujeto de escándalo e insultos. Deseo unas festividades sin violencia, ni riñas, ni atracos, ni muertes. Cada ser humano es único e irrepetible. La vida es sagrada, no sobra recordarlo, porque pareciera que lo hemos olvidado.

Gracias alcalde Armitage y equipo por ese alumbrado majestuoso que le regaló a su ciudad. Ojalá todos los diciembres tuviéramos el mismo. Difícil repetir o superar esta magia. Gracias por el amor que le dedicó a su ciudad, por jugársela en brindar oportunidades y educación. Por dejarnos una ciudad que ya agarró ¡impulso de cohete!

Personalmente me iré 'de toros'. Amo la fiesta brava, porque no tiene guiones ni ensayos previos. Porque me regala instantes de arte sublime, porque me salen desde el fondo del alma los ‘Oleees’ y los aplausos, porque en el ruedo se enfrentan la vida, la muerte, la magia, el valor, la nobleza, el trapío, porque es un ritual tan antiguo como la historia, nuestra historia, esa que empieza en el oscuro Minotauro, esa que está plasmada en las milenarias cuevas de Altamira y Lascaux. Así como nadie se baña dos veces en el mismo río, nadie ve una lidia igual a otra, aunque su reglamento de tercios y tiempos sea igual.

Me fascinan estos días venideros de la Cali alegre, salsera, sensual, acogedora, llena de sombreros, colores, olores y sabores, esta Cali que atrae cada vez más turistas que se quedan enamorados de sus ceibas, su brisa vespertina, su calor humano, sus pandebonos y empanadas, su Champús y esos platos exóticos del Pacífico, los tumbacatre, sus biches, sus chontaduros, su río ahora embellecido y honrado, sus farallones misteriosos que cambian de color y de textura.

Veinticuatro. Ya pastorcitos, ovejas, patos y casitas se despiden y nos desean paz, armonía, alegría y amor. Los veremos dentro de un año. Amo los pesebres, mis figuritas son las de mi infancia, un poco chuecas. Recuerdo los veinticuatro con una mezcla de amor infinito y tristeza. Mi mamá, la mamá, partió hacia sus nuevas dimensiones al amanecer de un veinticuatro, arrullada de villancicos y amor, se quedó dormida, la despedimos brindando con natillas, desamargados, buñuelos.

Ya pasaron diecinueve años, pero sigue con toda su tribu cuidándonos con amor !hoy alzaremos las copas de champaña en su honor!

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