Palmas, ceibas, guayacanes

Palmas, ceibas, guayacanes

Septiembre 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Recuerdo hace muchos años, se iniciaba el voluntariado en el Hospital Psiquiátrico San Isidro. El doctor Carlos León, su director. El equipo de jóvenes psiquiatras que trabajaban con él no podía ser mejor. Ernesto Zambrano, Carlos Climent, Coriat, Gaviria, ponían su mística en aliviar los dolores del alma. Las voluntarias nos encargamos de la terapia ocupacional, tardes de baile, deportes, acompañamiento afectuoso. A veces en el espacio inmenso y verde al aire libre se hacían lechonas, festivales, concursos.Vuelvo a entrar la semana pasada. Nostalgia y recuerdos me invaden. Realmente no sabía con qué me iba a encontrar. Sabía de sus momentos estelares como de sus años de corrupción y desgreño administrativo en épocas de gobernantes que no vale la pena mencionar por salud mental.Quedé maravillada. Enormes espacios dedicados a jardines, que parecen pertenecer a un jardín botánico y no a una institución de salud mental. Palmas de diferentes nominaciones, cadmias, guayacanes lilas y amarillos, cauchos enormes con sus raíces que descuelgan hasta incrustarse en la tierra. Veraneras, ceibas frondosas, mangos, acacias. Bancas para descansar y poder admirar estas obras de arte de la naturaleza. Rincones íntimos que invitan a la meditación.La antigua Casona, donde antes se alineaban en camastros ásperos los enfermos mentales indigentes y se les mantenía enclaustrados en sus soledades, ‘los peligrosos’, que veían transcurrir los días sin nadie que les tendiera una mano o una sonrisa hasta que morían, olvidados por todos y de todos rechazados por la misma sociedad que había enfermado sus mentes. Solo los médicos, el voluntariado y Lisandro, el legendario y fornido cuidador, los tenían conectados con la vida.Esa antigua casona restaurada respetando su estructura colonial es ahora una imponente sala múltiple para conferencias y foros. Precisamente acudí a uno sobre Farmacodependencia y Salud Mental, con participantes de varios institutos de rehabilitación para adictos de diferentes regiones del país, psiquiatras conocedores de la enfermedad de la adicción. Dos días de aprender, escuchar, compartir y ponerse al día. ¡Felicitaciones a los organizadores y ponentes!Recorrí los pabellones, consulta externa, hospital día, hospitalización, sala de pacientes en estado crítico. Quedé encantada. Todo funciona como un reloj. Los pacientes reciben tratamiento esmerado. La limpieza de las habitaciones, de los corredores, de las estaciones de enfermería. La amabilidad del personal médico y sus auxiliares. Cada pabellón tiene sus salones para que los familiares acompañen a su ser querido. Un ambiente cálido y lleno de energía positiva se siente en todos sus rincones.Los Sindicatos tienen temor de que los ‘cooperativicen’. De que con ese nuevo sistema no les respeten sus derechos salariales. No sé de esto. No me consta, pero dejo la inquietud.Linda experiencia. Saber que los dolientes del alma son tratados con amor y respeto. Que los cuidan. Que esa época dorada de Carlos León floreció como esas palmas generosas. San Isidro, patrimonio de salud en nuestro Valle. Ojalá no lo dejen volver a caer en las manos criminales de la corrupción.P.D. Inaceptable que se tilde a Hollman Morris de “periodista mezquino, que cede a un comportamiento aterrador...”. A él le debemos, los colombianos, el tener el mejor canal de televisión. El único con programas serios de opinión, debates, cuestionamientos que no se vende por un puñado de lentejas ni pelea por el rating maligno de las narconovelas. Pereciera que algunos periodistas y medios se la tuvieran montada. ¡Sigue el canibalismo, qué tristeza!

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