¿Olvidados?

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¿Olvidados?

Mayo 11, 2020 - 11:40 p. m. Por: Aura Lucía Mera

Hablo frecuentemente con Jaqueline Arabia, la directora de la Fundación Alzheimer. Siento su preocupación. La comprendo. Recordemos que el Alzheimer, esa enfermedad perversa que se come los recuerdos y destroza familias enteras, es peor que cualquier coronavirus, porque es lenta, progresiva, mortal y sin antídoto ni vacuna que la prevenga o cure y que se esparce como un tsunami.

En Colombia afecta ya a más de 300.000 personas -y a cincuenta millones en el mundo-, ha sido la gran olvidada de esta pandemia.

Si a esas trescientas mil personas les sumamos las familias y los cuidadores, esto llega a cifras trágicas de consecuencias infinitas. Porque el Alzheimer no solo afecta al paciente, hombre o mujer, sino a toda su familia, padres, esposos, hermanos, hijos, nietos. Toda la estructura familiar se fragmenta, y no es cuestión de llevar al enfermo a una UCI, ventilarlo, entubarlo y recuperarlo, o enterrarlo en pocos días.

Los enfermos de Alzheimer, desde que salen a la luz los primeros síntomas hasta que lleguen al final de su existencia, pueden vivir años, muchos años, dentro de su cápsula misteriosa -el cerebro es el gran desconocido de la ciencia-, sin desgaste emocional, ni “el dolor del pensamiento”, mientras todos los seres que los aman caminan día a día, hora a hora, año tras año este doloroso y árido desierto, sin la ilusión de un final feliz. El ser amado se diluye en la niebla y se aleja hacia una senda fantasmagórica, en la cual no cabemos los que estamos en la otra orilla. Solo nos resta acompañarlos en su silencio mental, pendientes de su bienestar físico y afectivo.

Pues bien. Son los grandes olvidados de los confinados. De repente y sin previo aviso no pueden salir a dar una vuelta, no reciben visitas de nadie, no entienden qué está pasando, no volvieron a hacer ejercicio físico, se desorientan, sus cuidadores se agotan también con el encierro y presentan cuadros de depresión. El encierro dispara la ansiedad y el paciente está encerrado con su familia, esto lleva a episodios de agresividad, irritabilidad, insomnio porque ellos saben que algo está mal, pero no entienden bien la situación.

Jaqueline me cuenta que los pacientes que acudían disciplinadamente a los talleres de actividades, según el estado de deterioro cognitivo, no han podido continuar, y muchos no cuentan con una cuidadora o cuidador entrenado de tiempo completo en cada casa, se han quedado al garete presentando episodios de angustia y tensionando más la situación emocional de sus familiares.

A todo esto le sumamos la poca importancia que se les ha prestado a nivel de facilitarles la situación. Con ayudas de salud y asistencia. Sí. Son grandes olvidados.

Jaqueline iniciará pronto unos Talleres de Memoria para todos los que queramos hacerlos. Serán Virtuales. Cuarenta y ocho sesiones de ejercicios para la salud cerebral y mantener el coco aceitado. Su valor total es de 120 mil pesos que se pueden consignar en la Cuenta de Ahorros de Davivienda No 016100004072. Y para toda la información el teléfono es 314 8906599.

Personalmente los invito a tomarlos. Tenemos tiempo. Ejercitaremos la mente, la memoria y les cuento, yo hice uno hace años y todavía practico muchas de las estrategias para tener esa estimulación cerebral que es nuestro eje vital. No olvidemos que el aislamiento, la rutina, la sensación de soledad, el aburrimiento y el sedentarismo son el mejor caldo de cultivo para esta enfermedad silenciosa.

***

PD.
Jaqueline, gracias por abrirnos esta puerta. Por brindarnos esta oportunidad única para comprobar, cada uno, con honestidad y en privado, cómo vamos mentalmente. Tenemos el tiempo y la obligación de cuidarnos. Es una inversión en nosotros que nos merecemos. Gimnasia cerebral. ¡El motor de nuestras vidas!

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