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¡Higiene mental!

Noviembre 16, 2020 - 11:40 p. m. Por: Aura Lucía Mera

Ya descubrí lo que me estaba sucediendo, venía sintiendo como un revoltijo en las tripas, combinado con irritabilidad, pereza y desazón. Acompañado de un cosquilleo mental parecido al ruido de alas de cucarachas y otros insectos repugnantes, ganas de llevar la contraria, como si algo me estuviera arrastrando, una corriente turbia, un nubarrón gris insertado en el cerebro.

Hasta que paré en seco. Respiré profundo y recordé las palabras sabias de un terapista: “Solamente escogiendo bien tus pensamientos podrás escoger tus emociones. La mente es como un molino que recibe lo que le echen, agua limpia, barro, heces, basura. Su labor consiste en recibirla y permitirle seguir su curso”.

Caí en cuenta. Semáforo en rojo. Stop. Me estaba intoxicando con noticias tóxicas, basta leer una página de periódico, leer un tuit, bajar un mensaje de WhatsApp, para quedar inundada de porquerías, asesinatos, violaciones, más líderes sociales exterminados, civiles calcinados en una estación de policía, corrupción por donde uno mire, desgobierno, impunidad, la vergüenza de la desvergüenza de Trump ante un país imponente y atónito incapaz de reaccionar, el final matrero de la revista Semana convertida de la noche a la mañana en un folletín de variedades.

Basta. Basta de basura. No me voy a dejar arrastrar por este tsunami de estiércol que quiere envolver la humanidad y chupárselo como esos ‘culo’epollos’ que se ven en Cartagena a veces, chupándose el agua del mar. Entre el coronavirus y el despelote internacional de un mundo que se quedó sin líderes, sin ética, sin valores, impulsado solamente por la ambición y el dinero, me quedo con la Pandemia. Por lo menos me cuido físicamente y respiro.

Semana, mientras dure la suscripción, irá derecho al tarro de la basura ‘orgánica’. Prohibido ver algún noticiero. Mucho menos leerme todos los WhatsApp ni los tuit que a veces parecen escritos por perros con peste de rabia y, lo peor es que me la contagian.

Lo siento mucho. No puedo ni voy a salvar el mundo. No puedo darle una patada a Trump. No puedo devolverle a Semana su dignidad. No puedo acabar con los matarifes, ni los corruptos, ni impedir los millones de contratos de los gobiernos departamentales y municipales escogidos a dedo que desangran las arcas a sangre fría este país. No tengo la varita mágica para que se terminen las carreteras, para que se cumplan las promesas, para que desaparezca la vagabundería y la politiquería.

Lo que sí puedo y seguiré practicando como lo he venido haciendo desde hace años, con la excepción de este bache que me sacudió, es seguir escogiendo mis pensamientos, mis libros, mis amistades, mis posibilidades reales de ayudar sin condiciones, aportando mis granitos de arena, compartiéndole a mis nietos historias y sugerencias, esperando que hereden como único patrimonio sagrado e intangible la honestidad y la rectitud y no caigan en las tentaciones de Midas ni similares.

PD. Les sugiero, si quieren llenar la mente de experiencias diferentes a la basura diaria léanse ‘Cómo maté a mi padre’ de Sara Jaramillo, o ‘Cartas a Antonia’ de Alfredo Molano, o ‘El colgajo’ de Philippe Lancon, o ‘Alegría’ de Manuel Vilas. Suscríbanse a ‘El Malpensante’. Síganle la pista a ‘Los Danieles’. Escojan, escojan la mente, como el cuerpo puede inflarse de comida chatarra o de un excelente plato gourmet. La vida es muy corta, ¡no permitamos que nos la envenenen más!

PD2. Higiene física y mental. Hacer ejercicio, ser honesto consigo mismo, dar amor y escoger pensamientos. ¡Ni un paso atrás!

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