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Desde el otro lado

Octubre 14, 2019 - 11:40 p. m. Por: Aura Lucía Mera

Atravesar el charco y resignarse a las casi diez horas de avión, así sea por poco tiempo, me sirve para mirar un poco más objetivamente lo que sucede en Macondo, ya en cuenta regresiva para el ‘día D’, de las elecciones en las que nosotros, los civiles escogeremos si le entregamos los departamentos y las ciudades a los mismos o queremos un cambio. Cada vez cobra más fuerza la manida frase “cada país se merece sus gobernantes”... después a no quejarnos sobre la leche derramada, la corrupción desperdigada, y la politiquería barata disparada... no existe ‘almuerzo gratis’ y cada voto populachero necesita después una ¡gratificación! sobre todo en los votantes que reciben tamal y marrano.

Creo que estamos caminando en el filo de la navaja y no nos damos cuenta, o no queremos hacerlo. Las campañas electorales serán recordadas por ser las más violentas, polarizadas, llenas de noticias falsas, insultos, gritos y mentiras. Han brillado por su ausencia los programas de Gobierno. Si metemos todo lo que han dicho, todos los candidatos del país en una olla y la revolvemos, saldrá una sopa llena de letras aisladas, lugares comunes, promesas falsas y compromisos imposibles de cumplir. La misma noria con diferentes burros, atados, caminando siempre en círculo. Pocos son los que se han atrevido a salirse del guión y mostrar nuevos horizontes.

Por ejemplo, Cali necesita un alcalde como Alejandro Eder, sin ataduras, con una visión a largo plazo, con garantía absoluta de honestidad e independencia, contactos internacionales para atraer inversionistas, con una hoja de vida intachable, movido únicamente por su deseo de servir a su ciudad, que siempre llevó en su corazón. Sin rencores ni amarguras a pesar de que tuvo que vivir fuera de su país, víctima de la violencia irracional que se ensañó con su familia. Su abuelo asesinado y una de sus tías secuestradas.

Alejandro no es el típico ‘hijo de papi oligarca’ como muchos contendores lo han querido definir. Ha sufrido en carne propia la demencia sangrienta de este país. Ha trabajado con pasión en ayudar a una reconciliación. Ha estudiado a fondo la problemática de la ciudad y ofrece garantías de progreso y desarrollo. Tiene el conocimiento y los contactos.

No pertenece a ninguna rosca ni le debe favores a nadie. Su equipo de campaña se ha caracterizado por su civismo y su deseo desinteresado en colaborar con el progreso de su ciudad. No hay tamales de regalo ni promesas de ‘puesticos’, hay oportunidades de trabajar y continuar empujando a Cali hacia adelante, con civismo, con amor, con respeto y honestidad. Ojalá los electores lo piensen y no se dejen comprar ni por un tamal, ni por una promesa falsa, ni por la polarización.

A Jorge Iván Ospina le reconozco que sacudió Cali como un tsunami y la sacó del fango en que la habían sumido administraciones anteriores de ingrata recordación por decir lo menos. Pero creo que pasaría la mayor parte de su tiempo defendiéndose de los cargos que le imputan y llegaría ‘cargado de tigre’ al despacho municipal. Tiene liderazgo. Logró tender un puente entre el oriente y occidente de la ciudad y acercar esas dos ciudades que se desconocen mutuamente.

A Roberto Ortiz le reconozco su sensibilidad y compromiso social. No lo veo como mandatario de esta ciudad tan compleja y caníbal. Estoy convencida que los CD, lo manipularían a su antojo. Personalmente lo respeto. No creo que este sea su momento.

PD. Se me acabó el espacio. Sigo firme en votar por Clara Luz Roldán Lara a la gobernación. No la conozco personalmente, pero sé que seguirá el empuje que le dio Dilian Francisca Toro, que logró convertir al departamento, en uno de los más desarrollados del país. ¡Aterrizaré a tiempo para cumplir mi compromiso electoral!

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