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¡Corona - perlas!

Noviembre 09, 2020 - 11:40 p. m. Por: Aura Lucía Mera

Colombia definitivamente es una caja de Pandora. Todos los santos días aparece alguna noticia que como un cohete lanza al lector fuera de la realidad y hay que hacer un esfuerzo mental sobrehumano para entender que esa noticia es la realidad y no el producto de alguna pesadilla que sigue ligada al despertar.

Primero. El Ministro de Salud, sí, Salud, no Minas ni Agricultura ni Vías. El de Salud ha dictaminado per se y ante se que todos los pasajeros internacionales pueden entrar al país como perro por su casa, sin ningún certificado que testifique que están libres de coronavirus. Exactamente al revés de todos los otros países. O se enloqueció o creyó que Trump el loco antitapabocas iba a ganar y quería congraciarse con él, o está para que lo metan a la Monserrate por tiempo indefinido.

Me pregunto cómo se atreve a dar este consentimiento, pasándose por la faja la pandemia, importándole un comino las consecuencias que semejante irresponsabilidad pueda generar. Y lo peor es que nadie rechista, todos los ciudadanos se quedan calladitos esperando que la nueva ola, está como un tsunami, nos llegue de Francia, Italia, España, Inglaterra, Brasil, Holanda o la conchinchina. Si tuviera un átomo de autoridad Duque le hubiera exigido la renuncia en menos de 24 horas.

Segundo. Como si no fuera bastante, el mismo Duque que no da pie con bola ya autorizó un próximo día sin IVA, para que todos salgan a la calle enloquecidos a gastarse su prima de Navidad anticipada en carajadas innecesarias como son los regalos. Vuelve y juega, qué importan los más de treinta mil muertos. El muerto al hoyo y el vivo al pollo, o al pavo, o al desamargado con buñuelos, aunque la Navidad puede llegar a ser virtual.

Tercero. Uno de los mayores focos de contaminación son las iglesias evangélicas, o de los últimos días (este nombre es más acertado) o como se llamen, en que los pastores y pastoras obligan a sus rebaños a asistir así sea en reuniones en casas particulares, sin tapabocas, a cantar y bailar en nombre de Dios y a pagar los diezmos. Nadie pone bolas, a nadie le importa que los sectores más vulnerables económicamente expongan sus vidas para poder entrar al cielo. Las estadísticas no mienten y más de uno ha muerto o contagiado toda la familia por asistir a estos salmos. No me estoy refiriendo a las iglesias o congregaciones serias, sino a esas de garaje y rimax, sin ninguna ventilación, con falsos pastores que lo único que quieren es enriquecer sus bolsillos a costa de los más pobres. ¿Quién les sigue la pista? Y la extra corona-perla, “si no asisten y pagan les están robando a Dios”.

Cuarto. El despelote por el Alumbrado Navideño, que si muy costoso, que se van a robar la plata, que hay que alumbrar la tristeza de la pandemia, que esto, que lo otro, que para qué luces si nadie las va a ver, que si llevan una luz o una vela a cada barrio. Simplemente me pregunto por qué no utilizan el mismo alumbrado del año pasado, que fue el más bello que ha tenido Cali desde que llegó Sebastián Moyano a fecundar la región. Las luces, los cables deben existir, es utilizarlos de nuevo. Simple y sencillo. ¿Para qué gastarse el dinero en otras creatividades si ya tenemos los elementos que embellecieron la ciudad la Navidad anterior?
Es absurdo tratar de inventar la rueda cuando ya la inventaron y funcionó.

Quinto. Veo a este gobierno, o lo que llamamos gobierno actual, trumpista furibundo hasta el sábado 7 y ya arrodilladito felicitando y dándole la ‘Bid-envenida’ al sucesor del loco teñido. Con tal de arrodillarnos, ninguna ideología nos detiene. Da risa leer los periódicos, de pronto todos los trumpistas han desaparecido por encanto, están calladitos, contándonos las maravillas de Kamala, los sacrificios de Biden y su rectitud y probidad. En fin, no digo más.

Sexto. Abro los ojos y ahora son varios dinosaurios los que siguen allí.

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