¡Caravaggio en Cali!

¡Caravaggio en Cali!

Julio 29, 2019 - 11:40 p.m. Por: Aura Lucía Mera

Mi primer encuentro con Caravaggio fue a los 18 años de edad en la Iglesia de Santa María del Poppolo, en Roma. Caí rendida de admiración y de amor eterno. Este napolitano del Siglo VXI revolucionó la pintura, usando por primera vez la luz de una forma dramática y que proyectan una fuerza brutal a sus personajes y sus contenidos. Osado. Irreverente. Contestatario. Sus obras son turbulentas como turbulenta fue su vida. Su estilo lo denominaron ‘Tenebrismo’, y sigue sacudiendo el alma. Por primera vez los ancas de los caballos, las colas sucias de los perros o las sandalias sucias de un mendigo ocupan los primeros planos de sus obras religiosas... Escandalizando e hipnotizando al público de la época ¡Lo adoré!

Encontrármelo en el Bulevar del Río Cali con su obra ‘David vencedor de Goliat’ me parecía mentira. Como tener la fortuna de deleitarme con Mantegna en ‘El tránsito de la Virgen’... El fragmento central de ‘El Jardín de las delicias’, de El Bosco, frente al cual he pasado horas enteras. Cita sagrada en mis visitas a ¡Madrid!

‘El Descendimiento’, de Van der Weyden, una de las más bellas obras de arte religioso, Goya en sus diferentes matices... un delicado Capricho, la brutal escena de ‘Saturno devorando a su hijo’ y la brutalidad trágica del ‘3 de Mayo’, que nos deja ver un fragmento de esa pintura que estremece.

Sorolla y sus luces, El Greco en toda su majestad, Rubens con sus Tres Gracias sensuales y felices, ese fragmento de Las Meninas de Velázquez que contrasta con la fuerza del Triunfo de Baco... ‘La Anunciación’, de Fra Angelico, con su halo de luz que pasa la columna sin romperla ni mancharla llevando la paloma a María. El Triunfo de la Muerte de Brueghel el Viejo, esa obra devastadora y perfecta en sus detalles, La Caceria de las liebres, reproducción de una pintura mural de un convento.

Ir al Bulevar. Volver. Volver otra vez. Recrearse en cada obra. Tratar de escudriñar detalles, siempre nuevos, permitir que el alma se inmersa en esos infinitos paisajes, se deje seducir por la sensualidad de los ropajes, se conmueva con el infinito dolor de María, y se estremezca con la voracidad de Saturno.

Qué regalo para Cali. ¡Qué regalo! No tengo palabras. Se me hacía un nudo en la garganta el domingo pasado, en un atardecer luminoso y acariciado por la brisa, ver esas esas obras maestras. Ver cientos de hombres, mujeres y niños mirarlas extasiados. Respirar ese aire casi sagrado y silente que se siente en los museos, esas catedrales del arte donde Dios está más presente.

Gracias Maurice Armitage y su equipo, gracias Acción Cultural Española, Gobierno de España, Ministerio de Cultura, Air Europa, Movistar, Comfandi, La Tertulia, Telefónica y los que se me escapan por haberle regalado a Cali la posibilidad de ver esta exposición impecable de algunas de las mejores joyas del Prado al Bulevar.

Gracias Maurice Armitage y su equipo por la cultura, los parques, las escuelas, el jarillón, las iluminaciones. Todavía no ha llegado la despedida, pero ya empieza la carrera desbocada. Si no es Eder, ¿quién podrá continuar esta labor?

PD. La misma sensación de estar asistiendo a algo sagrado tuve el 26 en la Plazoleta deSan Francisco donde Defendamos La Paz ‘No más líderes asesinados’ logró convocar a cientos de caleños para cantar, prender velitas, orar y fundirnos en abrazos fraternos por La Paz. ¡Sí se puede!

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