Volver a Dios

Febrero 21, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-21 Por: Arquidiócesis de Cali

En forma majestuosa Dios le ofrece a Abraham un proyecto de vida que supera todas sus expectativas: “Tu descendencia será numerosa como las estrellas del cielo”, y además le ofrece “una tierra”, pero la plenitud del cumplimiento de las promesas le llegará a la humanidad a  través de Jesús, pasando por el camino de la Cruz.Cumplidas las promesas, Dios se nos manifiesta como Padre cercano preocupado por esta gran familia de hijos que Él adoptó y con los cuales quiere permanecer siempre. Él es amor y felicidad, por eso a nosotros, imagen suya, nos acompaña para recordarnos que nos creó para el amor y la felicidad, y que nos ha dado todo lo necesario para lograr esta meta. De ahí que nosotros deberíamos vivir siempre alegres, alegría que por otra parte es fundamental para crecer espiritualmente y para lograr un mayor crecimiento personal en la vida y que es posible si tenemos en cuenta la oración que nos pone en contacto directo con ese Dios de amor.El famoso  predicador Cantalamessa dice que la felicidad de Dios es como un río desbordante que, con sus arroyuelos, “alegra la ciudad de Dios”, que es el mundo entero. Será que nos hemos alejado del Espíritu de Dios y por eso ese río desbordante  con sus riachuelos nos tiene sufriendo pues como el fenómeno del niño, el mundo de hoy los ha ido secando?Si no somos felices es porque, como nos dice  San Pablo, “muchos, con su manera de proceder se muestran enemigos de la cruz de Cristo y por eso se preocupan sólo por las cosas de la tierra (Flp 3,17), llenos de egoísmo, de violencia, odio,  injusticias.Una cuaresma dentro del marco del Jubileo de la Misericordia es una maravillosa ocasión para decirnos: voy a volver a ese Padre Dios, lleno de amor y misericordia, porque quiero ser feliz y que el mundo sea más humano y cristiano. 

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